Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas

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15 de abril de 2009

EL BULTO DE LA BUENA SUERTE.




Qué difícil es nadar a contracorriente. Cómo le explicas a tus hijos que tienes cáncer. Desde el primer momento que supe de la existencia del tumor de nombre feo en mí, mi casa se transformó en una centralita, recibiendo llamadas a cada momento, visitas a cada rato. Mi cara se transformó, pasando a un semblante al principio angustiado, después serio y por fin pasó a la felicidad. Pero ese entorno al que no estaban acostumbrados mis hijos hizo mella en ellos. Nunca me preguntaron, pero por sus miradas, supe que ellos escamaban algo, quizá no de lo que es en realidad, pero sí sospechaban que algo raro ocurría. El pequeño al tener 4 años a punto de cumplir los 5 por aquel entonces no le dije nunca nada. Pero al mayor, que tenía 8 para 9 sí que me senté con él. Le expliqué que me había salido un bulto que no me gustaba, que no me hacía bonita mi clavícula, y que poco a poco me lo iba a quitar. En lugar de utilizar una operación, le dije, me lo van a quitar mediante un láser. Pero ese láser me deja agotado, así que necesito de tu ayuda para no esforzarme más de la cuenta, para que ese bulto se fuera yendo. Recuerdo que me miraba con cara de pingüino, como diciendo, de que va todo esto. Entonces me inventé un cuento, el bulto de la buena suerte.


El día que me salió el bulto, al estar de viaje en Portugal toda la familia junto a amigos, pues fue inevitable que se enterara. Así que aproveché la prominencia de dicho bulto para contarle que como los genios de las lámparas mágicas conceden tres deseos para luego descansar, mi bulto era igual. Me había salido para que yo pidiera tres deseos, y que luego tendría que hacer todo lo posible por eliminarlo de mí para que pudiera descansar.


El primer deseo fue mis hijos fueran los más felices del mundo, le relataba yo a mi hijo. ¿Y lo está consiguiendo no? Le pregunte, a lo que rápidamente asintió con la cabeza. Le expliqué que dicho deseo no se hacía de un día para otro, pero que cuando fuera mayor se daría cuenta de lo feliz que fue de niño. Sus ojos estaban clavados en mí escuchando todas y cada una de mis palabras.


El segundo deseo es que papá y mamá estén toda la vida juntos. Como en su colegio ha habido alguna que otra separación de padres de sus amigos, sabía que eso le gustaría. Esta vez, su mirada detonaba ternura, mucha ternura, incluso emoción por esas palabras. Le dije que sus padres se aman muchísimo, pero que la vida da muchas vueltas, así que con ese deseo seguro que nos ayudaba a mantener nuestra unión de por vida.
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¿El tercer deseo, cual es el tercero?- me preguntó. Tomé aire, esperé unos segundos y respondí. El tercero es, y aunque ahora creas que no es importante ya que tus prioridades son otras y ni entiendes y ni pretendo que entiendas, es que sepas valorar todo lo que tienes en la vida, todo lo que la vida te da, todos los regalos que recibimos en el momento que nos levantamos hasta que nos acostamos. La vida nos regala todos los días lecciones muy importantes, y debemos aprender de ellas, saber escoger y saber rectificar. En ocasiones te caerás, pero debes ser fuerte para levantarte. Otras veces verás todo muy negro, y ahí debes pensar que, aunque creas que hay demasiada oscuridad, siempre un haz de luz llegará, al principio pequeño, tímido quizá, pero que irá agrandándose poco a poco y convertirá tanta oscuridad en algo sensacional. Eso quiero que jamás lo olvides, quiero que sepas que debes aprender tanto de lo bueno como de lo malo. Aunque yo algún día no esté, jamás te abandonaré, siempre estaré junto a ti.
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Nos dimos un beso y lo mandé a jugar. Nunca hemos hablado de los deseos que pedí a mi bulto de la suerte, pero sé que mi cuento le caló, y quizá ahora mismo no lo recuerde, pero sé que en la vida aplicará el último deseo, porque diariamente le insisto en que hasta de lo malo se aprende.

18 de noviembre de 2008

MOMENTO DE REFLEXIÓN


A veinticuatro horas de la recogida de resultados de mis pruebas, llega el momento de reflexión. En todas las revisiones a las que he ido, siempre el día antes han sido de nervios, de incertidumbre, pero sobretodo, en estas horas previas vienen a mí un remolino de imágenes y recuerdos de toda esta encrucijada, los recuerdos me invaden, quizá me vuelvo más nostálgico, ojo, sin pesimismo alguno, porque, curiosamente, el día previo suelo estar más optimista que los anteriores, y más hoy con la cantidad de abrazos cargados de buenas energías que me han mandado en forma de mensaje (mil gracias amigos, yo también estoy con vosotros, lo sabéis).
No es necesario vivir muchos años para haber vivido muchas experiencias, yo soy un afortunado, puedo decir con la boca bien llena que he vivido bastante intenso estos treinta y un años. Por muchos motivos, unos muy buenos, otros no tanto, aunque menos mal que son los menos. Cuando era pequeño quería volar, siempre he querido volar, he soñado que iba volando al cole, jugaba volando, y con el tiempo creo que esa obsesión por volar se traduce en que vivo con ansia la vida, con ganas, con libertad. Siempre he soñado que tenía alas para poder desplazarme, y un día, un tumor de nombre feo quería cortármelas, y lo que ese tumor de nombre feo ha conseguido agrandar más mis alas, vivir más vida, disfrutar más de mi libertad. De pequeño me consideraba inmortal, y cuando digo de pequeño me refiero hasta hace un año, y este tumor de nombre feo me ha enseñado la vulnerabilidad de la vida, la fragilidad tal vez, y a su vez la fortaleza mental del ser humano.
Ahora mismo cuento las horas, los minutos, los segundos que distan hasta la cita con mi médica. Allí si que sudo eh, porque además, la doctora se pone en silencio a leer los informes, me mira y vuelve a leer, y así como diez minutos que se me hacen eternos, si supieseis todo lo que pienso en ese tiempo. Miro a mi mujer, y la veo como intentando leer tras el papel, mi madre cruzando dedos, pies, y rezando en voz baja. Dios, unas ganas de coger a la tipa esa y decirle, habla coño, habla, jeje. Las veces anteriores han sido todas buenas noticias, y en ese momento pienso en todo mi ejército que está conmigo en esta batalla, dando forma al sms que mandaré nada más salir a mis contactos, y deseando hablar con todos y cada uno de ellos, que me mandan tantas energías y cariño, que engordo de ego. Confío, deseo, espero que esta vez sea igual. No quiero fracasar en esta etapa de mi vida, quiero salir victorioso.
En fin, es mi momento de reflexión.

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