Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas

Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas
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27 de junio de 2009

CRUZANDO DEDOS



Describir lo que uno siente cuando se acercan los días previos a revisión es prácticamente imposible. Ya he comentado que los nervios se notan en todos y cada uno de los poros de mi piel; paso de la risa a la lágrima en cuestión de tiempo récord; intentar controlar mis sentimientos estos días es difícil.

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No sé si la suerte existe en estas cosas, pero como ser supersticioso da mala suerte, me limito a cruzar dedos, que da buena suerte.

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La revisión que tengo este lunes es la hematológica (ahí empezó todo), ya que la oncológica me dio vacaciones de seis meses. En esta comprobaré si el "puñado" de proteínas que se alojaron en mi clavícula ha disminuido; comprobaré que todos los índices relacionados con el enemigo de nombre feo están igual o más bajo (y cruzando los dedos deseo, suplico, anhelo que nunca estén más altos que la última vez). También me mirarán si mi sangre ha engordado por el colesterol, si los triglicéridos son los adecuados o no, y un sin fin de siglas que no tengo narices de descrifrar (tampoco quiero saberlo, bastante sé ya...).
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Empecé esta guerra con muchos cambios; tanto de aptitud, que ya he mencionado mil y una veces en otros escritos, como a nivel físico. La ansiedad que comenzó a invadirme me regaló un apetito insaciable. Tenía la necesidad de comer y comer a todas horas. Pasé de cenar cereales a llenar mi estómago de pizzas, hamburguesas, fritos variados, y así un sin fin de alimentos dignos de una carta de simpatizantes del colesterol (pero del colesterol del malo), y con ellos llegaron los kilos de más, ocho para ser más exactos. Yo ya sabía, por la ropa que es muy sabia, que estaba cada vez más rellenito, y lo que antes estaba holgado,, pasó a estar justito y ahora a apretar demasiado. Pero yo seguía y seguía alimentando mi ansiedad. Hasta que he decidido que ya es hora de poner a régimen a la ansiedad (y de paso al portador de la misma). Ahora disfruto de lo que denominan "vida sana" (sí, hay un poco de ironía en la palabra "disfruto"). Para ser honestos, hay muchas noches que mi mente se vuelve asesina, porque mataría por una porción de pizza, aunque después lo pienso bien, y me conformo con mi "sugerente" bol repleto de frutas o cereales.
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Y es que ya en mi anterior revisión el colesterol me dio un pequeño toque de atención; el cáncer iba disminuyendo a la par que el colesterol aumentaba. Pero seguía teniendo la necesidad de ahogar mis penas, o mejor dicho, enterrar mis penas en comida. Dicen que hay que tocar fondo para darse cuenta (o ponerse la ropa de la temporada pasada). Yo más que tocar fondo, ha sido el adelantar la posición del cinturón, el tener que renovar mi fondo de armario a una talla más (o dos según el fabricante).
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La verdad que no lo hago por estética, sino por salud, porque si estoy pudiendo con un cáncer, no lo voy a poder con el colesterol (y sobretodo con el apetito...). Creo que lo tendré chupado (que no comido).
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En fin, este lunes cruzaré los dedos para que, si hay que tener algo alto sea la alegría (o el colesterol en el peor de los casos).
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P.d. Mi guerrera ISABEL está genial, no tiene dañado los órganos vitales; el tratamiento, radioterapia en la zona afectada y a vencerlo, porque es una campeona en esto.
P.d.2: Mi otra guerrera DUNA ha superado una revisión con éxito, otra campeona donde las haya.

17 de junio de 2009

A MI GUERRERA ISABEL


"Cuanto más bella es la vida, más feroces sus zarpazos"
Esto va por mi guerrera Isabel. Tras retirarse victoriosa de su primera guerra contra el enemigo de nombre feo, vuelven a alistarla para combatir de nuevo. Pero sé que ella es una guerrera, una campeona que sabe utilizar las armas para destruir a quién haga falta. Ella es tenaz, ella no de deja atemorizar por el miedo, ella va a ir a por todas, y sobretodo ella va a ganar.
Una experiencia así nos curte de una sabiduría que no se estudia en libros, una filosofía que tan sólo los enfermos somos capaces de captar. El pasar por ello no es agradable, pero se aprende. Mi guerrera Isabel es muy inteligente, y sé que se va a aprovechar de la experiencia anterior para luchar en esta guerra. Y saldrá victoriosa, lo sé.
Sé que estará angustiada, porque se repite la misma historia, pero debe estar más predispuesta a luchar, porque ya lo ha hecho en otra ocasión. Volver a empezar, operación, radioterapia. Pero eso sólo es tiempo, después llegará sus frutos. Y como sabes, mi guerrera Isabel, esta enfermedad nos llena de paciencia, yo antes era muy intranquilo, ahora la calma llena mi vida.
Me repito mucho, pero la cura empieza por la cabeza, y tu cura ya ha empezado.
Un millón de besos, de abrazos radiactivos (que así son los míos) y que sepas que no estás sola, mi guerrera Isabel

25 de mayo de 2009

CUENTO PARA LOU


En un reino muy muy lejano, se encontraba una princesita muy triste y desorientada. A pesar de ser la más revoltosa de su palacio, llevaba días sin apenas reír, sin apenas hablar. Pasó de lo inquieta y traviesa a pasar casi desapercibida, no se la oía. El motivo de tal cambio de actitud se debía a que notaba que al joven príncipe le daban más mimos que a ella. Se sintió marginada, como si ya al crecer el cariño y los mimos de sus padres los Reyes hubieran desaparecido, y los hubiera heredado su hermano el joven príncipe.


Así que cansada de tanto sufrimiento, decidió abandonar el reino donde vivía. Cogió su maleta preferida de colores mágicos, que cambiaba de color según el estado de ánimo. Cuando la agarró con fuerza, la maleta se tiñó de negro. La joven princesa, que era muy lista se dio cuenta que su estado de ánimo era como ese color, negro. Decidió coger todos los bártulos que necesitaba: su muñeca preferida, el cetro que su padre le había regalado al nacer para hacerle ver que gobernaría todas sus tierras el día que se convirtiera en reina, y su vestido más bonito.


Se sumergió por el bosque y alzó el rumbo hacia la montaña. Por el camino iba pensando que su madre la Reina no la echaría de menos. Así que iba soltando lágrimas a cada paso, y la maleta mágica seguía negra, cada vez más negra, un tono azabache que jamás había visto.


Por el camino, se encontró al señor Búho, que atentamente la miró y le preguntó - Joven princesa, que hace por este bosque sola y tan triste - a la vez que miraba el color de su maleta. Ella, alzando la mirada hacia el señor Búho le contestó - Mi madre, la Reina, ya no me necesita, presta toda mi atención a mi hermano el joven príncipe. Creo que ya no soy su princesa, sino una más de palacio- mientras se secaba los ojos. El señor Búho, exhausto con lo que la joven princesa le estaba diciendo, decidió investigar lo que pasaba en palacio. Despidió a la joven princesa y voló hacia palacio, no sin antes dar aviso a la señora golondrina, para que la siguiera y no la perdiera de vista.


La joven princesa continuó su camino hacia un mundo desconocido, donde se iba topando con cientos de animales, algunos buenos, que la intentaban convencer de que volviera, otros animales no tan buenos, e intentaban robarles la maleta mágica con el cetro poderoso que el rey había mandado a construir por los magos más importantes del reino. Al estar la señora golondrina vigilándola, conseguía espantar a los animales malvados, excepto a la serpiente tricolor. Ésta propuso a la joven princesa ser su guía por el bosque, y para que la niña no cargara con la maleta mágica, insistió en ser la portadora de la maleta. La joven princesa accedió, y la serpiente, al tenerla en su poder, salió corriendo. Entonces, comenzó a llorar, y a extrañar a su madre la Reina, que siempre resolvía todos sus problemas. Intentó perseguir a la serpiente, pero no lo logró. La señora Golondrina lo intentó hacer también, pero sin éxito. Se quedó sola entre tantos árboles, perdida y desorientada.


Mientras tanto, el señor Búho llegó a palacio. Buscó a la Reina, y la encontró en la habitación del joven príncipe. Estaba cabizbaja, ya que el príncipe estaba enfermo. Tenía una enfermedad que requería todo la atención del palacio. Por eso la Reina tenía que pasar mucho tiempo con el joven príncipe. El señor Búho se acercó a la Reina y le susurró en el oído - tengo que hablar con usted sobre la princesa- . La Reina lo miró con miedo, ya que temía que le hubiera pasado algo.

El señor Búho le contó la historia y los ojos de la Reina se nublaron de tristeza y lágrimas. - No puede ser, si la princesa es la niña de mis ojos, pero el joven príncipe me necesita-, decía. El señor búho le comentó la posibilidad de implicar a la princesa en el cuidado de su hermano, para que se sintiera lo más útil posible. A la reina le pareció fantástica esa idea, así que el señor Búho voló rápidamente hacia la golondrina para traer a la princesa. Cuando llegó, vio a la joven princesa llorando.

- Majestad, tengo que hablar con usted-, le dijo el señor búho. - Después de que me contara lo que le pasaba, decidí ir a hablar con su madre y me contó lo que ocurría. Hablando con ella me comentó que su hermano está débil, y necesita que su familia lo arrope. Como usted es joven, no ha querido su madre preocuparla, pero ahora que se ha marchado del palacio, se encuentra muy triste, y su hermano el joven príncipe también. Así que si le parece corra hacia palacio, abrace a su madre y sobretodo a su hermano. Entre todos haréis que su hermano se ponga fuerte-. La joven princesa comenzó a sonreír, y, la maleta mágica que había robado la serpiente comenzó a cambiar de color. Del negro fue pasando al marrón, ya estaba naranja, rápidamente se tornó amarillo, y finalmente se formó un arco iris en la maleta. Con la ayuda de la señora golondrina, y la magia del cetro del interior de la maleta, consiguieron arrebatarla y devolvérsela a la joven princesa.


Cuando llegó a palacio, fue en busca de la Reina, a la que abrazó y, en ese abrazo, sintió que jamás la había dejado de querer, comprendió que el joven príncipe necesita su ayuda.


Desde entonces, pasó más tiempo con su joven hermano, al que poco a poco, fue llenándose de esa vitalidad de su mágica hermana, hasta que venció su enfermedad.


Y colorín colorado, este cuento ha acabado.





P.D. Este cuento va por el hijo de Lou. Si lo lees, por favor, mándame un mail o agrégame al messenger. Desde aquí te mando mi abrazo más sincero y cargado de energía.

18 de mayo de 2009

CUMPLEAÑOS MUY MUY FELIZ...



Hoy, hace treinta y dos años decidí salir del vientre de mi madre para empezar a respirar por mí sólo.

Y han sido treinta y dos años muy vividos, en los que he conseguido logros muy importantes: andar, hablar, estudiar, trabajar, enamorarme, ser padre, luchar contra un cáncer, y sobretodo, ser feliz. He conseguido ser feliz a pesar de los innumerables saltos de vallas que la vida conlleva.

Ya lo he comentado varias veces, he vivido más en los dos últimos años que en toda mi vida. Cuando en mi vida se cruzó el cáncer de nombre feo, tuve que madurar, quizá más de la cuenta para mis treinta años, pero ha servido para cambiar mi visión, mi postura ante la vida.

Siempre he gozado en todos los cumpleaños de mi vida; ahora más aún. El año pasado recibí un regalo imborrable en mi memoria; una fiesta sorpresa con todos los míos, apoyándome en uno de los momentos más duros que he tenido hasta ahora. Este año, anticipadamente el oncólogo me regaló esperanza, me regaló más vida, razón de más para estar contento, feliz, para celebrarlo por todo lo alto.

Pronto mi batalla habrá acabado (tan sólo 2 milímetros me separan de la victoria). Pronto mi memoria me recordará lo vulnerable pero luchador que he sido, mi memoria no olvidará todo lo que he pasado, y si lo hiciera miraré hacia mis cuatro puntos tatuados sobre mi pecho para saber que, aunque el tiempo se ponga nublado, siempre habrá un paraguas para combatir todo lo que caiga.

Hoy es un día de reflexión, he cumplido treinta y dos años, y hace dos años no sabía si llegaría hasta los treinta y uno, por el desconocimiento de esta enfermedad. La vida me ha dado otro año más para disfrutar de familia, jugar con mis hijos, reírme con mis amigos, de poder respirar.

Me he sentido al borde del abismo, por eso cada día que pasa es un cumpleaños, y este día en particular, es un día de cumpleaños muy muy feliz...

9 de mayo de 2009

REPARTO DE PREMIOS

Hace días que no escribo, pero es que he estado tan liado con la comunión de mi hijo que apenas he tenido tiempo ni para respirar.

En esta entrada simplemente quiero compartir los premios que me han ido dando con otros bloggeros, y que éstos a su vez hagan lo mismo.


Este premio VIOLETA a BLOG MÁGICO (por cortesía de Duna) se lo otorgo a los siguientes blogs:











- http://marialaura07.blogspot.com/ (por sus palabras)
- http://regalameunacancion.blogspot.com/ (por compartir recuerdos)
- http://mibuhardillavirtual.blogspot.com/ (por saber que decir siempre)
- http://sisinmispechos.blogspot.com/ (por lo especial)
- Y sobretodo a http://micanceryyo.blogspot.com/ (porque es mi hermano latino)


Este premio INVESTE E ACREDITA NA PROXIMIDADE (por cortesía de Maria Laura) va para:




- Duna http://dosisderecuerdos.blogspot.com/ (porque es la valentía personificada)
- Josefina http://imagenesconsentimientos.blogspot.com/ (porque saldrás pronto)
- Raú (http://aprovechatedelcancer.blogspot.com) (porque estoy contigo)
- Amaira (http://cosasdeluz-aimar.blogspot.com/ ) (porque cuenta con una luz especial las cosas)
- Soledad Pérez (http://canceryoymas.blogspot.com/) (por lo bonito que hace todo)




Gracias a todos..

24 de abril de 2009

PRINCIPIO Y FINAL


Todo tiene un principio y un final. Mi final cada vez está más próximo, mucho más próximo. Ayer estuve en el oncólogo y, para sorpresa (grata, muy grata), mi tumor está casi desaparecido por completo. En las imágenes (esta vez las imágenes son mías, de mis tacs durante la enfermedad) se puede observar que el tumor al principio afectaba casi a todo el hueso y, con el paso del tiempo y gracias a la radioterapia y mis ganas de vivir, se ha generado hueso casi por completo, comiéndose al tumor de nombre feo, quedando a penas dos milímetros por liquidar.
Que ganas tenía de decir esto. Mi guerra está casi acabada, con un claro vencedor. He luchado, sigo luchando, y con la mayor recompensa, la victoria.
En junio tengo revisión con el hematólogo, y en octubre con el oncólogo (ya empiezo mis revisiones semestrales). Ha costado llegar hasta aquí, muchas lagrimas, mucho esfuerzo, mucho tesón, pero lo sembrado empieza a germinar.
Gracias.

15 de abril de 2009

EL BULTO DE LA BUENA SUERTE.




Qué difícil es nadar a contracorriente. Cómo le explicas a tus hijos que tienes cáncer. Desde el primer momento que supe de la existencia del tumor de nombre feo en mí, mi casa se transformó en una centralita, recibiendo llamadas a cada momento, visitas a cada rato. Mi cara se transformó, pasando a un semblante al principio angustiado, después serio y por fin pasó a la felicidad. Pero ese entorno al que no estaban acostumbrados mis hijos hizo mella en ellos. Nunca me preguntaron, pero por sus miradas, supe que ellos escamaban algo, quizá no de lo que es en realidad, pero sí sospechaban que algo raro ocurría. El pequeño al tener 4 años a punto de cumplir los 5 por aquel entonces no le dije nunca nada. Pero al mayor, que tenía 8 para 9 sí que me senté con él. Le expliqué que me había salido un bulto que no me gustaba, que no me hacía bonita mi clavícula, y que poco a poco me lo iba a quitar. En lugar de utilizar una operación, le dije, me lo van a quitar mediante un láser. Pero ese láser me deja agotado, así que necesito de tu ayuda para no esforzarme más de la cuenta, para que ese bulto se fuera yendo. Recuerdo que me miraba con cara de pingüino, como diciendo, de que va todo esto. Entonces me inventé un cuento, el bulto de la buena suerte.


El día que me salió el bulto, al estar de viaje en Portugal toda la familia junto a amigos, pues fue inevitable que se enterara. Así que aproveché la prominencia de dicho bulto para contarle que como los genios de las lámparas mágicas conceden tres deseos para luego descansar, mi bulto era igual. Me había salido para que yo pidiera tres deseos, y que luego tendría que hacer todo lo posible por eliminarlo de mí para que pudiera descansar.


El primer deseo fue mis hijos fueran los más felices del mundo, le relataba yo a mi hijo. ¿Y lo está consiguiendo no? Le pregunte, a lo que rápidamente asintió con la cabeza. Le expliqué que dicho deseo no se hacía de un día para otro, pero que cuando fuera mayor se daría cuenta de lo feliz que fue de niño. Sus ojos estaban clavados en mí escuchando todas y cada una de mis palabras.


El segundo deseo es que papá y mamá estén toda la vida juntos. Como en su colegio ha habido alguna que otra separación de padres de sus amigos, sabía que eso le gustaría. Esta vez, su mirada detonaba ternura, mucha ternura, incluso emoción por esas palabras. Le dije que sus padres se aman muchísimo, pero que la vida da muchas vueltas, así que con ese deseo seguro que nos ayudaba a mantener nuestra unión de por vida.
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¿El tercer deseo, cual es el tercero?- me preguntó. Tomé aire, esperé unos segundos y respondí. El tercero es, y aunque ahora creas que no es importante ya que tus prioridades son otras y ni entiendes y ni pretendo que entiendas, es que sepas valorar todo lo que tienes en la vida, todo lo que la vida te da, todos los regalos que recibimos en el momento que nos levantamos hasta que nos acostamos. La vida nos regala todos los días lecciones muy importantes, y debemos aprender de ellas, saber escoger y saber rectificar. En ocasiones te caerás, pero debes ser fuerte para levantarte. Otras veces verás todo muy negro, y ahí debes pensar que, aunque creas que hay demasiada oscuridad, siempre un haz de luz llegará, al principio pequeño, tímido quizá, pero que irá agrandándose poco a poco y convertirá tanta oscuridad en algo sensacional. Eso quiero que jamás lo olvides, quiero que sepas que debes aprender tanto de lo bueno como de lo malo. Aunque yo algún día no esté, jamás te abandonaré, siempre estaré junto a ti.
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Nos dimos un beso y lo mandé a jugar. Nunca hemos hablado de los deseos que pedí a mi bulto de la suerte, pero sé que mi cuento le caló, y quizá ahora mismo no lo recuerde, pero sé que en la vida aplicará el último deseo, porque diariamente le insisto en que hasta de lo malo se aprende.

26 de marzo de 2009

APOSTANDO POR SONREIR



Si la vida te da una razón para llorar, tú le das mil y una razones para sonreír.


En una ocasión, alguien me preguntó ¿tienes miedo? En ese momento no supe contestar, estaba algo confuso, quizá nervioso. No veía con claridad.
A día de hoy puedo responder, porque he aprendido lo que es el miedo, y lo que no me atemoriza.
Miedo es estar solo en la vida, sin nadie a tu alrededor. Miedo es no alcanzar los sueños y metas que te propones. Miedo es no amar ni ser amado.
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Un cáncer no da miedo, si respeto, pero no miedo. Un cáncer te hace ver lo mejor de todo lo que te rodea. Un cáncer no ha de cambiar tu vida, sí aprender a vivirla mejor, pero nunca cambiarla. Pasas por algunos cambios, a veces físicos, otras también psíquicos. Cambia tu forma de pensar, de enfrentarte a la vida, de apreciar lo apreciado.
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En unas semanas me vuelve a juzgar el oncólogo, y no es miedo lo que siento, lo que siento es ganas de vivir, que me siga regalando vida.
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Hoy contesto a quien me formuló la pregunta, y mi respuesta es que no tengo miedo, que sigo apostando por sonreír a la vida.






11 de marzo de 2009

MIRANDO POR UN AGUJERO....A OTROS GUERREROS


Desde que enfermé y me dijeron el nombre feo de mi enfermedad, jamás busqué por ningún medio el significado, las causas y el porcentaje de cura de mi enemigo llamado cáncer (plasmacitoma). Era mi guerra, mi lucha, y no quería estar condicionado por los términos médicos, por los números de victoria o derrota.
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Lo único que decidí mirar eran historias personales de otros guerreros, de otros luchadores. Las palabras médicas no las entiendo, ni quiero hacerlo, pero sí entiendo de sentimientos, ahora más que nunca, y aunque en este blog no cabrían todas las historias de los guerreros con los que me he topado, sí quería señalar algunos. No conozco personalmente a ninguno, pero los siento tan cercanos, que se han convertidos en mis amigos, en mi familia, sus historias son mías también, y por sus logros me alegro tanto como si fueran míos.
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Al primero que quiero nombrar es a MEDELES http://micanceryyo.blogspot.com/). Es un chico colombiano, 23 años. Lo siento como si fuera mi hermano pequeño (nos separan 8 años). Tiene cáncer también. El tumor que tiene está en la cabeza, y una parálisis facial. Pero también tiene valentía, coraje, energía suficiente para luchar. Y sabe que si algún día le flaquean las ganas, aquí estoy yo para darle una buena ración de optimismo, de fuerza. Su historia es un ejemplo de superación. Comprendo, entiendo y acepto que tenga días nublados, yo los he tenido, y los sigo teniendo, y son importantes y necesarios para al día siguiente estar con más fuerza. Ojalá tuviera yo alas (butterfly) para ir a visitarlo los días que el sol le da la espalda. Desde aquí solo quiero mandarle toda mi energía (ya está radiada, así que es más fuerte), y prometerle una cosa, no sé cuando, pero algún día nos encontraremos, nos conoceremos, y escucharemos esa música que tanto tenemos en común.
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El caso de DUNA (http://dosisderecuerdos.blogspot.com) es especial, sobrecogedor, y sobretodo, y aunque suene a repetitivo, es admirable. Una chica joven, 26 años, recién casada y con un tumor ginecológico. Ha sabido buscarle lo mejor a esto. Tiene una familia que la apoya, un marido que la apoya, y aquí un amigo que la admira. Se ha sometido a dos operaciones, y la última revisión fue perfecta, todo genial, aunque con algún susto por unos bultos sospechosos en las mamas, se quedó en eso, en susto nada más. Una campeona de los pies a la cabeza. Ojalá podamos celebrar pronto que esto se ha acabado para siempre.
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Llega el turno de uno de mis últimos blogs descubiertos. DULÓS (http://sisinmispechos.blogspot.com/) me ha fascinado tanto, que, aunque no tengo mamas, no soy mujer, he logrado entenderla y admirarla. La naturalidad con la que habla del tema, la fortaleza de poner sus fotos en todos los procesos de su enfermedad, y del resultado de la mastectomía dice mucho de ella. Es un ejemplo para todas las mujeres, con o sin esta enfermedad.
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Tengo debilidad por BELÉN MOR. Hace mucho que no coincido con ella en el messenger, lo que me pone nervioso. Es una mujer malagueña, joven, treinta y pocos años, con una preciosa niña. Le diagnosticaron la enfermedad dando de mamar a su hija. Ha sufrido los estragos de la quimioterapia, y recuerdo la conversación que me dijo que se fue cortando el pelo gradualmente para que su hija se fuera acostumbrando a su nueva imagen. Es una mujer bella por fuera y bella por dentro. Solo espero que esté todo bien y cumpla lo prometido, quedar y tomar una buena mariscada.
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Se que me dejo a muchos guerreros, y os prometo que poco a poco os homenajearé, uno a uno. Sois tantos los que me ayudáis a pasar este trance, sois tanto a los que admiro, que tanto cariño que siento por vosotros me hace engordar.
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Seguid así, fuertes, valientes, porque nos lo debemos, porque se los debemos a nuestro entorno.

27 de febrero de 2009

DEJA QUE LLUEVA


A pesar de que, para muchos, la lluvia significa tristeza, nostalgia, depresión, para mí es todo lo contrario. La lluvia purifica el ambiente, hace que te unas más con la familia, estando alrededor de una mesa mientras hablamos, vemos películas, o simplemente gozamos de la banda sonora que la lluvia nos aporta. Para mí, la lluvia es paz, la lluvia es relajación, es armonía, por eso me gusta dejar que llueva.
Hoy para mí es un día de lluvia, de mucha lluvia, de "chaparrón" como decimos en mi tierra. Y es que hoy he estado en el hematólogo, y no han podido ser mejores noticias. Y es que, EL CÁNCER YA NO SE REFLEJA EN LA SANGRE. La última vez que estuve aún tenía un pequeño pico de proteínas reunidas, alterando el estado sanguíneo, pero hoy ya no, han decidido desaparecer, han visto el ejército que tengo y se han acobardado. Así que mejor noticia en el cumpleaños de mi hijo no he podido recibir. A pesar del regalo que le teníamos, creo que le he hecho el mejor regalo que podía recibir, eso sí, hasta que no sea mayor no le diré que su padre en su décimo cumpleaños le regaló el coraje y valentía para luchar contra un cáncer.
Para mí hoy llueve, llueve felicidad, llueve un futuro más prometedor, para mí hoy llueve vida. Por eso hoy digo eso de que "deja que llueva".

19 de febrero de 2009

NUBES PASAJERAS


Los nervios, cual nubes del cielo, van desapareciendo. Ya me he desatado la careta falsa de la sonrisa para dejar mi cara, feliz, sonriente, alegre.

Hoy ha sido una visita al médico para tratar un poco el estado de ánimo. Mi estado anímico es como de un enfermo de gripe. Nada que ver con cáncer. Mis días los tengo, como todos, pero son tan pocos.... eso sí, cuando me visitan esos días, son muy puñeteros.

Yo me imagino que estoy jugando a un juego de roll, esos que eliges un personaje, un luchador, y tienes que vencer al enemigo. Yo he escogido la ficha ganadora, y voy a por todas. Intento tirar los dados con habilidad, con hazaña, con entereza. Intento que salga la mayor puntuación posible, para que, en la casilla de la batalla, pueda ir con todas mis armas.

Tengo cáncer, sí, pero gozo de una salud mental y una serenidad que hace que el cáncer sea una nube pasajera....

P.D. Gracias por todas las palabras de ánimos que me dais diariamente, a todos, sí, a ti.

17 de febrero de 2009

MÁSCARAS DE CARNAVAL



La época de carnaval ya está aquí. Para mí también es carnaval. Hoy tengo la necesidad de disfrazarme, de ponerme una máscara que tape mi incertidumbre, mi temor, mi nerviosismo. Hoy es un día que el miedo lo tengo cerquita.


Quizá sea inevitable, ya que pasado mañana me verá el oncólogo radioterapéutico, y estoy especialmente nervioso, como ido, por eso necesito ponerme esa careta.


Siempre he dado toda mi positividad, y no la perderé. Pero cuando se acercan los días previos a revisiones, el chip del cerebro llamado "duda" se activa, y me empaña todas las cosas buenas que me ha pasado. Son días de incertidumbre, de ganas de llorar, de reír, rozando la locura casi, ya que paso en cuestión de minutos por varios estados de ánimo.


Está floreciendo la flor de la duda en mi interior, del misterio, estoy nervioso, deseando que llegue el jueves, o que no llegue, no sé qué quiero ahora mismo.


Lo que llegue llegará, pero en el camino hasta esos resultados, no puedo evitar estar desazonado, intranquilo si quieres. Es una sensación que tan solo me pasa en los días previos al examen, y se me pasan los segundos como minutos, los minutos como horas y las horas como días. El día lo paso con la careta alegre, para no preocupar, pero mi interior está triste, quizá triste no sea la palabra adecuada, tal vez inquieto, intranquilo, nervioso, muy nervioso.
Es carnaval, y hay que estar alegre, me pondré mi máscara y esperaré al jueves a ver que pasa.

11 de febrero de 2009

GALLETA


Me siento hoy como una galleta de jengibre, frágil, vulnerable, débil e indefenso. Quizá sean miedos por las revisiones, ya que hoy han empezado las pruebas; la primera, extracción de sangre (soy quejica, sí, pero es que lo paso tan mal, ver una aguja es marearme, y si va acompañada de sangre, ni os cuento).
Las galletas, de aspecto duro, se debilitan cuando se mojan en leche. Yo, de aspecto duro, me debilito ante la incertidumbre de qué pasará. Yo he luchado, yo lucho a diario, pero, el resultado del combate no soy yo quien lo dictamina, sino el juez, en este caso el médico.
No es que me obsesione con lo que pueda pasar, es más, intento distraerme para no pensar, y si pienso, busco la parte positiva de lo que ocurra, tanto si es buena la noticia como si es menos buena.
Cuando empecé con esto, me prometí a mi mismo vencer al cáncer, y si no fuera así, estar siempre con la cabeza bien alta, orgulloso de todo lo que he hecho, de la forma que he tenido en pelear. Pero el miedo siempre está ahí, ya que si me derrotara (cosa que no va a suceder), dejaría tanto aquí, que ni siquiera quiero pensarlo. Por eso mi actitud siempre ha sido la misma, positividad, mucha positividad.
A veces, ir subiendo escalón tras escalón, hasta llegar a la victoria, cansa, pero si miras hacia atrás, y ves todo lo que has recorrido, sin caerte ni una sola vez, te enorgullece de tal forma que te eleva hacia lo más alto. La actitud ante las cosas cuenta, y mucho, y yo he puesto mucha, tanta que en algún momento me han tachado de loco por ser feliz con cáncer. Y me pregunto yo, ¿por qué he de ocultar mi felicidad? Eso jamás lo haré, porque, aunque he estado cansado, o agotado, nunca me ha faltado una sonrisa en la cara, y lo más importante, esa sonrisa ha sido de corazón. Lágrimas ha habido muchas, como he contado en otras entradas, pero he reído más.
Soy como una galleta, aunque parezco duro, puedo desmoronarme, eso sí, después se juntarán los pedazos, y formaré una nueva masa, una nueva galleta, más fuerte y dura.
Es una incertidumbre, sí, pero sigo siendo feliz.

7 de febrero de 2009

GRITAR


Hoy me he levantado con ganas de gritar al mundo. Quiero gritar mis alegrías, mis miedos, mis dudas, quiero gritar mis sentimientos.
¿Por qué gritar? Por varios motivos, quiero explayarme, quiero soltarme quiero, quiero, quiero, solamente quiero.
Gritar a la esperanza, que por favor no me deje, no me olvide, gritarle, mejor dicho, suplicarle que no me abandone y que siga presente en todos mis sueños, en todos mis actos, en todas mis metas. Suplicarle que nunca me suelte de su mano, que toda la fuerza que me ha dado me ha hecho ser valiente.
Gritar a la felicidad, que me ha hecho abrir los ojos y descubrir que se puede ser feliz con gestos, con pequeños detalles, con una conversación, con una risa, se puede ser feliz simplemente viviendo. Quiero perdirle que no desaparezca, que gracias a ella el mundo gira, que gracias a ella yo vivo, yo sonrío, yo respiro.
Gritar a la fortuna, porque soy el hombre más afortunado del mundo, por todo lo que tengo, que no es tangible. La fortuna me ha aportado una familia increíble, que nunca me deja solo, unos amigos para reír, para llorar, para hablar. Quiero gritarle que no desista, que aunque la gente crea que su descripción es económica, los que hemos sufrido hemos comprendido que no es así, que la fortuna es todo ese conjunto de situaciones y de personas que hacen que uno brille de forma especial, hace que uno se emocione con cosas tan sencillas como un abrazo, un beso, un "te quiero".
Gritarle al miedo, que se vaya de mi vida para siempre. Afortunadamente no está siempre presente, pero de vez en cuando me visita. Ahora, que se acercan mis revisiones, gira en mi cabeza más frecuentemente. Quiero gritarle que es un cobarde, que sólo aparece cuando uno es débil, pero no se atreve a enfrentarse cuando estamos al cien por cien. Quiero gritarle que no conseguirá perturbarme, aunque lo intente, poseo con armas para hacerlo desaparecer.
Gritarle a la incertidumbre, que intenta captar mi atención, siempre de la mano del miedo. Quiero gritarle que no sé que va a pasar, pero no quiero anticiparme, que venga lo que venga, si tengo que pelear, pelearé, porque con mi ejército que nunca se rinde haremos que todo lo de nombre feo se aleje de mi terreno.
Hoy me he levantado con ganas de gritar, y gritaré, porque si algo he aprendido, es que lo que se queda dentro nos debilita, así que a gritar.

4 de febrero de 2009

DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER


Hoy es el día mundial del cáncer. Un día para recordarnos lo vulnerable que es el ser humano. Un día para concienciar a la población de que este mal está ahí, que de un día para otro nuestros objetivos y metas se ven truncados, o mejor dicho, aparcados por culpa de esta enfermedad. En todos los diarios, en televisión se habla de este padecimiento, incluso se alza la figura (con razón) de los investigadores en esta materia, a los que todos los enfermos agradecemos su esfuerzo y dedicación.

Pero me pregunto yo, ¿para cuando el día quienes nos hace el camino hacia la cura más fácil? ¿Para cuándo el día de esas personas que trabajan en ese departamento o área del hospital llamado oncología? Su dedicación, su buen hacer, pero sobretodo su, su humanidad nos hace a los enfermos y familiares seres especiales, nos miman, nos cuidan, nos curan.

En el tiempo que he convivido con el personal sanitario durante mi tratamiento me han tratado tan bien, que si no fuera por la maquinaria, pensaría que estaba de charla con amigos. Nos hacían partícipes en sus conversaciones, incluso pidiendo consejos, nos contaban sus quehaceres diarios, o sus anécdotas del fin de semana. Me hacían sentir tan bien, que incluso dudé que eso fuera la seguridad social.

Una cosa que me llamó la atención fue que te tratan como una persona y no como un historial médico. Me llamaban por mi nombre, y no porque lo miraran en mi historial, ya que he tenido la ocasión de cruzarme por la calle con alguna enfermera de la radioterapia, y su -hombre Carlos- junto con un abrazo, han ayudado en la recuperación. Son gente especiales, gente que, a pesar de la tristeza del lugar de trabajo, iluminan por sí mismas esa fría sala de radioterapia.

Lo mejor, no solo ha sido mi caso. Este fin de semana he podido hablar con mi tío, un luchador más en esta batalla de la que ha salido victorioso (todo un ejemplo para los que estamos en el camino), y su percepción es la misma, la calidad humana del equipo oncológico es magistral, digna de admiración, digna de mención, digna de un día que sirva de homenaje.

No sé si el día del cáncer engloba al personal médico de esta materia, o se usa para colocar la pegatina en la solapa de la chaqueta previo donativo, o para concienciar a la población, pero desde aquí pido, solicito y exijo UN DÍA PARA EL PERSONAL ONCOLÓGICO, desde administración hasta enfermeras, desde médicos hasta técnicos sanitarios. Esto va por ellos, porque lo merecéis, porque nunca me cansaré de daros las gracias por curarme, por vuestros consejos, pero sobretodo, por tratarme como persona.

30 de enero de 2009

HACE UN AÑO COMENCÉ A DESHOJAR MARGARITAS

Hoy, treinta de enero, hace justo un año en el que mi vida tornó sin querer. A pesar de que estaba de pruebas, ya que un bulto salió a la luz, en mi cerebro desalojaba margaritas, deseando, suplicando, rogando que no fuera nada, aunque rondaba la idea de que fuera lo que es, le pedía a la margarita que se tratara de un susto.

Pero justo hace un año arranqué el último pétalo de esa margarita, y la respuesta fue muy clara y concisa. La respuesta era cáncer.

Justo hace un año, en este mismo momento lloraba sin parar, a escondidas, para que mis hijos no me vieran; buscaba un escondite, un lugar para mí, sólo para mí. Fue tan grande la caída que no había nada que me hiciera reaccionar. Cuando dolor me causaron esas palabras que, a la una de la tarde salían de la boca de un desconocido de bata blanca. Quise cerrar los ojos, que pasara el tiempo, pensé que comenzaría mi agonía, me aterraba dar lástima, me horrorizaba pensar que desaparecería, que mis hijos crecerían sin mi presencia, sin mis consejos y sin mis riñas.
Justo hace un año estaba tan asustado que no veía nada claro. Todas y cada una de las hojas de la margarita decían no, un no muy rotundo, muy severo, un no lleno de tortura, de sacrifico, un no vacío de esperanza.
Justo hace un año estaba equivocado, porque ha sido un paseo por todos y cada uno de los sentimientos, hasta llegar a deshojar los pétalos de la margaritas en los que la confianza, la ilusión y la magia de la vida están presentes, unos pétalos llenos de síes, de seguridad.
Hace un año que mi vida se unió a una margarita llamada cáncer, y cada vez hay más pétalos positivos. Justo hace un año que comencé a deshojar margaritas.

29 de enero de 2009

EL TIEMPO EN MIS MANOS.


El tiempo pasa, emigran los pájaros huyendo del frío, enfundamos de nuevo en el trastero el viejo árbol de navidad que hemos vestido con sus mejores adornos para lucir unas fechas entrañables, la vuelta al cole con las pilas cargadas y todos los niños hablando de cuanto y cuanto le han traído, y como todo pasa, mi periodo de descanso también; comienzan las pruebas para un nuevo duelo, solos el cáncer y yo, yo y el cáncer.
Febrero es uno de mis meses preferidos, mis hijos cumplen años en este mes, tiene menos días, con lo que se avanza más rápido el año, y espero que también lo pueda recordar como el mes en el que destruí un poco más a mi enemigo. Ojalá lo destuyese por completo, pero como no será posible, ni quiero, porque pretendo que cuando acabe con él sea para siempre, de una forma definitiva, y eso no congenia con las prisas ni la rapidez.
Ya tengo el frigorífico lleno de las famosas citas médicas, todas ellas sujetadas por imanes, para que no se me olvide ninguna, aunque, las tengo apuntadas tan afondo en mis entrañas, que sería difícil. Cada una de ellas tiene una misión importante, diferentes entre sí, pero con un mismo fin, ser destructivas ante un mal.
Primero llega la extracción de sangre. Antes no podía mirar cómo me la extraían, caía redondo, pero, desde que estoy abonado a la sala de extracciones, miro más detenidamente esos glóbulos que salen de mi vena para llenar unos frascos, y pienso, sed fuertes, tenéis que ayudarme, sois la voz de mi interior, sois quienes me informáis de como va el proceso, y sé que no me vais a defraudar.
Después viene el tac. Y también pienso cuando estoy metido en ese tubo, con una camilla que avanza y retrocede mientras un gigantesco anillo fotografía mi tórax. ¡Cómo me gustaría tener una visión especial para poder adivinar los resultados en ese justo momento a la vez que ese gigantesco anillo dibuja mi tórax! Cuando noto que el contrate entra en mi interior, sintiendo una oleada de frío suero recorriendo mi ser, mis nervios se ponen a flor de piel. Es cuando pienso en ese mal de nombre feo, me vienen flash-back de todo lo que he pasado, los momentos malos y buenos, y es cuando más me siento orgulloso de mí, de poder llevar de la mejor forma mi enfermedad.
Una vez realizadas las pruebas, comienzan los informes. Ahí no pienso, o pienso todo junto, no sé, una sensación de nerviosismo y pasividad, de alegría y tristeza, me convierto en mi todo y en mi nada.
Pero todo llegará, porque ahora, disfruto de cada instante, porque ahora he conocido la felicidad, porque ahora, ahora tengo el tiempo en mis manos

18 de enero de 2009

A MI ABUELA (sé que donde estás me proteges y cuidas)


Querida abuela:
Aunque hace mucho que no me dirijo a ti, quiero que sepas que no hay un solo día que no me acuerde de ti, de tus gestos, de tu forma de caminar (o saltar), de las frases típicas y tópicas que decías día tras día, de tus vestidos, de tu olor.
Te fuiste hace dos años y medio, y aunque hubo un momento en el que los médicos decían que no recordabas nada, yo quiero pensar que sí, que nunca nos olvidaste, que nunca me olvidaste. Y ahora, que estás en otro lugar, sé que tampoco lo harás.
Desde que te fuiste, la familia ha crecido; a día de hoy serías bisabuela por novena vez. A mi dos niños, siempre le cuento cosas tuyas, los poemas que recitabas, los dulces que hacías, y que era la excusa perfecta para reunir a toda la familia; hago todo lo posible para que no te olviden, y lo he conseguido, hablan mucho de ti.
Como sabrás, también mi vida ha sufrido algún que otro cambio. Hace un año que me detectaron cáncer. Al principio, me vi solo, desorientado, casi sin ganas de vivir, tenía miedo, mucho miedo. Me sentí vacío, perdí la ilusión y pensé que todo acababa. Pero te alegrará saber que eso sólo duró cuatro días.
Al quinto día, decidí luchar, decidí no acobardarme ante algo de nombre tan feo; al quinto día resurgí de mis miedos y temores para combatir. !Y no veas con qué ejército me he hecho!
Las noticias sabes que corren como el agua en río, y de buenas a primeras me empecé a encontrar con un montón de soldados que se preocuparían en no dejarme caer al vacío. Empecé a notar el cariño de tanta gente, que sólo por eso valía la pena luchar. Si tenía algún día nublado, mi alrededor me daba mil y una razones para estar feliz, y conseguía hacer desaparecer esa nube que tapaba la felicidad.
Comencé a radiarme, y, entre lo químico y mis ganas por vivir, comenzamos a derrotar a ese monstruo llamado cáncer. Hasta hoy todo va sobre rueda.
Entonces, descubrí que se puede ser feliz, que yo lo era, y mi mayor propósito era hacerlo saber, correr la voz para que la gente fuera feliz. Empecé a descubrir lo maravillosa que es la vida, me di cuenta que antes de esta enfermedad, estaba dejando pasar momentos mágicos.
Abuela, sé que desde donde estás, me proteges; a diario te siento a mi lado, y sé que nunca dejarás que me rinda. Sé que eres un soldado más en mi batalla, es más, desde hoy te condecoro con el mayor galardón que exista, porque, desde donde estás, me mandas tu fuerza, y optimismo, la misma que antes en vida siempre nos daba.
Esto va por ti abuela, de tu nieto que tanto te quiere y tanto te recuerda.

9 de enero de 2009

EL CUENTO DE LA FELICIDAD


En un mundo donde todo pasaba sin percibir los aromas de la felicidad, un pequeño ser quiso cambiar el mundo. Contaba con todo lo suficiente para ser feliz, a pesar de tener una salud delicada, muchas horas en un trabajo donde se le escapaba buena parte del día y un sin fin de problemas cotidianos. A pesar de todo era feliz. La gente susurraba a su lado, - no es posible, ¿cómo puede ser feliz?-. Pues lo era, y no sólo feliz, sino muy feliz.
Cuando este ser se levantaba, pensaba en las cosas tan maravillosas que le esperaba en esa jornada; cambiaba lo negativo por lo positivo. Lo que se suponía que sería una reunión interminable de trabajo, lo convertía en una reunión de amigos donde lo menos que iba a sacar sería la satisfacción de poder aprender y enseñar conocimientos nuevos. Lo que se suponía que sería un día de lluvia, lo transformaba en una jornada casera con su familia alrededor de una mesa de camilla, y todo amenizado con una charla sumamente agradable. Lo que se suponía que era una enfermedad bastante seria, como un cáncer, lo transformaba en una prueba que le mandó la vida, para poder apreciar lo bello de la vida, lo bello que es vivir. A pesar de dar sus razones, siempre lo tachaban de loco, nadie se creía que tuviera suficientes razones para ser feliz, es más, apostillaban que debería ser un ser deprimido, ya que pesaban mucho los factores negativos. Pero este ser seguía en sus treces, no quería cambiar nada, no permitía que nadie le perturbara, era feliz y punto.
Cansado de que nadie le creyese, decidió escribir sobre sus vivencias, contar que se puede ser feliz. Reunió a un grupo de personas para contarles una vivencia que le marcó, y sin querer, esa vivencia le ayudó a combatir su enfermedad.
" Hace unos años que viajé a un país que, a pesar de tener un turismo bestial, era un país pobre, muy pobre. Tenían muy poco recurso, sin embargo eran ricos en pensamientos, sabían ser felices con lo que tenían. Y lo eran, muy felices, con lo poco que tenían, lo eran. La esperanza de vida en ese país no era muy alta, había epidemias, huracanes, hambre, y sin embargo tenían una filosofía tan bella y tan distinta a la de un país desarrollado y rico que hacía que los que no fuéramos como ellos nos sintiésemos egoístas y deplorables."
Esa experiencia se le quedó grabada en el fondo de su alma, y unido a la prueba que le mandó la vida llamada cáncer, comenzó a ver todo por los ojos de las personas que había conocido en aquel viaje. Y lo consiguió, comenzó a creer en él, aprendió a no desaprovechar todo lo que había a su alrededor y que el ritmo de vida lo hacía ciego ante eso, y entonces supo lo que era la felicidad, supo lo que era ser feliz, muy feliz.

3 de enero de 2009

¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?...


¿Por qué hacemos de lo fácil lo difícil?
¿Por qué dejamos pasar los momentos tan mágicos y brillantes que nos regala el estar vivos y solamente nos centramos en los que nos hace perder el tiempo y nuestra paciencia?
¿Por qué no nos enfrentamos a nuestros miedos para así poder vivir en paz?
¿Por qué me ha tocado tener cáncer?
¿Por qué me siento el hombre más afortunado del mundo, aún teniendo cáncer??
Todas y cada una de estas preguntas las he podido resolver durante mi lucha con el mal, con el tumor de nombre feo, muy feo.
En lo diario, nos complicamos con las cosas fáciles, nos empeñamos en buscar lo que no hay, porque no concebimos que algo sea simple, fácil, nos creemos que lo fácil tiene gato encerrado, sin disfrutar de lo que nos aporta. Los días pasan, no vuelven, y lo que dejamos atrás no lo recuperamos; mi primera moraleja ha sido el hacer lo más fácil posible mi vida, simple, sencilla, pero disfrutarla al cien por cien.
Nos nublamos, nos cegamos, nos enmudecemos ante pequeñas cosas sin ver lo que hay alrededor nuestra, sin sentir la magia de la vida. Nos hemos convertidos en robots, nos levantamos, desayunamos, trabajamos, comemos, dormimos, pero no nos detenemos a disfrutar; lo bueno de la vida no tiene etiqueta ni precio, no desgrava, pero renta mucho, nos garantiza ser libres, sin ataduras, nos da paz, nos convierte en seres magníficos y el día en el que se nos apague la luz, haremos un balance, y tenemos dos opciones, pensar que hemos desperdiciado el tiempo, o sentir que hemos sido realmente felices, que hemos hecho feliz a los nuestros y viceversa. Yo elijo la segunda opción, hoy por hoy soy una persona feliz, muy feliz.
Pocas veces me he preguntado el por qué tengo cáncer, por qué yo. No he encontrado respuesta, y finalmente he dado por hecho que me tenía que tocar a mí. La vida me ha dado un toque de atención, haciéndome vulnerable por un tiempo y saber salir airoso de los obstáculos que tenemos. Cuando acepté que tenía lo que tenía, decidí tomármelo como un regalo, porque ha sido más momentos buenos que malos los que me ha aportado. Aún así, no me lo cuestiono mucho, porque no hay respuestas para ello, o no las encuentro. Que un puñado de proteínas se hayan querido instalar en mi clavícula y trincharse, pues ahí estoy yo para luchar contra ellas. Lo mejor, el ejército que me acompaña, cada día más numeroso, cada día más fuerte, y sobretodo, cada día me siento más orgulloso de toda la gente que tengo.
Con todo lo anterior, ¿cómo es posible no sentirse el hombre más afortunado del mundo? El cáncer ha acondicionado mi vida, pero no la centra. No con todo ello quiero decir que el cáncer sea algo benévolo, todo lo contrario, pero todo tiene sus dos partes, la buena y la mala. La parte negativa de un cáncer de sobra es conocida, pero la positiva no se ha explorado, bueno, yo sí, me he sentido explorador para buscar lo bueno, y lo he encontrado. En todo este tiempo, he sido capaz de amar más, disfrutar más, reír más; me he reencontrado con tanta gente que creí haber perdido, he podido notar que importo a más gente de la que pensaba, me miman y me quieren, qué más puedo pedir.
Esto pasará, me curaré, pero jamás olvidaré lo que fui y lo que soy, ha sido mi universidad este periodo de tiempo, y estoy seguro que marcará mi sino en la vida.
Aparcamos nuestros miedos y los enmascaramos, para evitar enfrentarnos a ellos, pero en el día a día nos acordamos de ellos, dejando que la vida se esfume. Hay que plantarle cara, ser fuertes, que lo somos, aunque creamos lo contrario. A mí me dicen hace un año y medio que iba a pasar por todo lo que he pasado, y me hubiera muerto de un patatús, y mira por donde aquí estoy vivo, y lo más importante, feliz, muy feliz. Actualmente aún tengo algún que otro miedo, sobretodo por mis hijos, pero poco a poco los voy venciendo.

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