
De buenas a primera se convierten en actores, disfrazando su dolor en alegría, su angustia en tranquilidad, su miedo en valentía.
Cuanto admiro a mi familia, que en ningún momento han dejado que me hundiera. E imagino cuantas lágrimas habrán echado sin que los viera. Siempre encuentran esa palabra mágica que uno necesita para seguir escalando. Me gustaría recompensarlos de alguna forma, y la única que se me ocurre es curarme, curarme por mí, curarme por ellos.
Qué marrón tan grande tienen, maquillar la realidad a veces, con el único objetivo de regalarte un aliento de esperanza. Yo sentí tanto dolor el tener que comunicar que tenía cáncer, tanto dolor que a veces aún duele esa cicatriz. Sin embargo, han sembrado tanto esfuerzo y coraje en mi camino para que yo lo fuera recogiendo, que mi cuesta arriba ha sido mucho más placentera, sin notar agujetas, sin notar apenas cansancio, porque sabía que me inyectarían vitaminas de valentía y valor.
El poder contar en mi ejército con mi familia y amigos ha sido vital en mi batalla. Mi enemigo de nombre feo está solo, frente a mi, que ando con un batallón que me han demostrado que darían la vida por mí. Y eso eternamente se tatuará en mi corazón. Y lo más importante en todo ejército es tener un grito de fortaleza, un lema que resume toda nuestra lucha, y ese lema es: "TODOS PARA UNO, ..., Y JUNTOS CONTRA EL CÁNCER"