Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas

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29 de enero de 2009

EL TIEMPO EN MIS MANOS.


El tiempo pasa, emigran los pájaros huyendo del frío, enfundamos de nuevo en el trastero el viejo árbol de navidad que hemos vestido con sus mejores adornos para lucir unas fechas entrañables, la vuelta al cole con las pilas cargadas y todos los niños hablando de cuanto y cuanto le han traído, y como todo pasa, mi periodo de descanso también; comienzan las pruebas para un nuevo duelo, solos el cáncer y yo, yo y el cáncer.
Febrero es uno de mis meses preferidos, mis hijos cumplen años en este mes, tiene menos días, con lo que se avanza más rápido el año, y espero que también lo pueda recordar como el mes en el que destruí un poco más a mi enemigo. Ojalá lo destuyese por completo, pero como no será posible, ni quiero, porque pretendo que cuando acabe con él sea para siempre, de una forma definitiva, y eso no congenia con las prisas ni la rapidez.
Ya tengo el frigorífico lleno de las famosas citas médicas, todas ellas sujetadas por imanes, para que no se me olvide ninguna, aunque, las tengo apuntadas tan afondo en mis entrañas, que sería difícil. Cada una de ellas tiene una misión importante, diferentes entre sí, pero con un mismo fin, ser destructivas ante un mal.
Primero llega la extracción de sangre. Antes no podía mirar cómo me la extraían, caía redondo, pero, desde que estoy abonado a la sala de extracciones, miro más detenidamente esos glóbulos que salen de mi vena para llenar unos frascos, y pienso, sed fuertes, tenéis que ayudarme, sois la voz de mi interior, sois quienes me informáis de como va el proceso, y sé que no me vais a defraudar.
Después viene el tac. Y también pienso cuando estoy metido en ese tubo, con una camilla que avanza y retrocede mientras un gigantesco anillo fotografía mi tórax. ¡Cómo me gustaría tener una visión especial para poder adivinar los resultados en ese justo momento a la vez que ese gigantesco anillo dibuja mi tórax! Cuando noto que el contrate entra en mi interior, sintiendo una oleada de frío suero recorriendo mi ser, mis nervios se ponen a flor de piel. Es cuando pienso en ese mal de nombre feo, me vienen flash-back de todo lo que he pasado, los momentos malos y buenos, y es cuando más me siento orgulloso de mí, de poder llevar de la mejor forma mi enfermedad.
Una vez realizadas las pruebas, comienzan los informes. Ahí no pienso, o pienso todo junto, no sé, una sensación de nerviosismo y pasividad, de alegría y tristeza, me convierto en mi todo y en mi nada.
Pero todo llegará, porque ahora, disfruto de cada instante, porque ahora he conocido la felicidad, porque ahora, ahora tengo el tiempo en mis manos

2 comentarios:

Jarque dijo...

Un abrazo

Zamora dijo...

Continua luchando , eres un autentico Guerrero de la Luz.
UN abrazo

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