
Pero hoy he sentido que esa parte de mi nostalgia entristecía, al enterarme de su batalla contra el cáncer (de lengua concretamente). Paradójicamente, con lo que se ha ganado la vida y el cariño del público, se ha convertido en su amarga lucha. Por fortuna está todo controlado, no se había extendido, estaba localizado. Ahora, y tras años hablando y hablando, tienes que comenzar una nueva etapa en tu vida, aprender a hablar. Y lo estás consiguiendo, querida Mayra (perdóneme que la tutee, pero la siento como parte de mi familia). He podido ver fragmentos de tu entrevista, de tu gran entrevista en un programa de televisión, y, con la valentía y serenidad que te caracteriza has conseguido emocionarme, soltar alguna lágrima (el compartir enfermedad hace que sintamos cosas similares), y llenarme de alegría el verte estupenda, como siempre has estado.
Tu voz ha cambiado, momentaneamente tu habla es diferente, pero tu corazón aún más grande. Tu fuerza y entereza con la que has hablado de tu batalla ha traspasado la pantalla, te he reencontrado, te he redescubierto, y te admiro aún más. Sé que estas palabras difícilmente podrán llegar a tus manos, a tus ojos, a tu alma, pero sí mi energía te llegará, estoy convencido. Es admirable como personas tan conocidas hablen sin tapujos de este mal, para que quienes no han vivido esto, no malinterpreten la palabra cáncer, no la asocien con fin, sino con (y como me dejaron en un comentario) esperanza, la asocien con esperanza. Yo la asocio también con aprendizaje.
Ojalá, y como tantas veces has dicho, un dos tres, dentro de un momento volvemos otra vez.