
Sé que tenía que haber hecho una crónica de esa cena benéfica que preparamos para inaugurar Deja que Llueva. Pero fueron tantos los motivos que me impedían hacer una crónica que no tuve valor. Hoy ya sí, soy fuerte, he renacido (otra vez), pero esta vez mi enemigo no era el cáncer, sino otros cangrejos de carne y hueso que tenía a mi alrededor. He conseguido hacer una limpieza de todo lo que me manchaba. Así que tengo muchas cosas pendientes que contaros.
A pesar de que todo lo que he escrito en este blog ha sido de lo más personal que tenía, vuelvo a tener la sensación de soltar todo lo que siento, de describir mi vida a través de palabras.
Quizá todo en un post es demasiado, así que haré algunos resúmenes de estos meses y poco a poco los desarrollo en posts independientes.
Antes que nada, mi lucha sigue siendo a favor mía. Mi enemigo de nombre feo sigue acobardado (y ojalá sea de por vida) y sigo dominando en mi cuerpo. Las revisiones son anuales con el oncólogo y semestrales con la hematóloga.
Voy a ser papá de nuevo. Si todo va como hasta ahora, para septiembre mi vida se formará por una nueva personita. Es un niño, y el vientre de mi mujer está hinchado de mucho amor. Es una ilusión más por la que seguir luchando con todos los enemigos, de nombres feos o no, pero enemigos pues.
La cena, pues conocí gente fantástica. Sin querer me fui encontrando a gente mágica por mi camino. Y pongo un ejemplo. Chus, que no sé donde nos conocimos, a través de alguien en común, se ofreció a hacer los carteles, y que maravilla de cartel. Compartí mesa con Mayra Gómez Kemp y Laura Valenzuela. Descubrí a una persona inolvidable, Mónica, del grupo Materia Prima, que hizo que la velada fuera especial. Y sobretodo agradecer a un amigo que se portó como tal, que hizo que todo fuera más fácil, Antonio Cano. Pero como toda rosa, en el tallo también hay espinas, y las hubo (y muchas, y pinchaban mucho), pero dicen que no hay más aprecio que no hacer aprecio. Quienes creías tus amigos no lo fueron y torcieron bastante mi momento. Pero a día de hoy sigo ayudando a todo aquel que necesite, con mis palabras, con mi historia y mis pensamientos, para que su lucha sea más llevadera y no deje de recoger lo que ha sembrado.
Hace unos meses, en la empresa donde estaba trabajando (y que se portaron genial conmigo desde el principio de mi enfermedad) decidió no contar conmigo de momento, ya que la crisis ha hecho disminuir la producción, y lo entiendo. Así que ahora como digo yo, soy funcionario, me paga el gobierno por tocarme las narices (con perdón a los funcionarios que sí trabajan). Lo difícil es encontrar ahora un trabajo, pero lo conseguiré...
Si no fuera por el cáncer, seguramente ahora estaría hundido en una depresión de caballo, pero no, porque sigo respirando y voy haciendo mi camino.
Así que seguiré por aquí, con mucho que contar, porque me han pasado muchas cosas y hay muchas cosas que contar..... Abrazos infinitos...