Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas

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11 de abril de 2012

RECORTES SANITARIOS

No soy de ningún partido político, la política la hacen personas y no partidos.




PERO



Por qué hacer recortes en sanidad, cuando a países como Grecia se le ha hecho un "préstamo" de unos 2.500 millones de euros estando nosotros en condiciones muy parecidas...?

Por qué hacer recortes en sanidad, cuando empresas bancarias se le ha inyectado capital (y no dejan de ser empresas privadas)...?

Por qué hacer recortes en sanidad, cuando existen pensiones vitalicias de presidentes y ministros que sumando forman un buen pellizco, que sumado a los cientos de coches oficiales que existen, a las dietas y trajes de políticos y a saber que hay bajo mesa, da un montante muy beneficioso para el país...?

Por qué hacer recortes en sanidad, cuando la Administración ha sido responsable de que "señores Duques" se haya beneficiado de tanto dinero público...?

Por qué hacer recortes en sanidad, cuando la Casa Real sigue con una elevada asignación de fondo público...?

Por qué hacer recortes en sanidad???

Como enfermo que soy, y que gracias a la sanidad pública estoy vivo, EXIJO que este derecho que hace mucho que se ha conseguido no debe tocarse, es más, debería ampliarse y hacer recortes en tanto embutido que hay en este país...




5 comentarios:

Anónimo dijo...

Porque no piensan en nosotros solo piensan en sus bolsillos. Pq la justicia no es ciega. Pq ellos pueden tener seguridad privada... Un abrazo y SALUD.

Carlos Mateo Beltrán dijo...

Salud para ti también, amigo Anónimo. Estoy totalmente de acuerdo con tus respuestas....

Anónimo dijo...

Porque la palabra "Democracia" que tanto les gusta usar a los políticos es solo el disfraz de una auténtica corrupción de intereses. Porque ellos se lo guisan y ellos se lo comen.

luchadora dijo...

Hola Carlos.

Te entiendo perfectamente y te aseguro que me da rabia que los recortes toquen algo que debería de ser tan sagrado como es la sanidad pública. La salud no tiene precio, o no debería, pero desgraciadamente lo tiene y si no es eso, es que quién se encarga de los dichosos recortes y no les tiembla la mano a la hora de hacerlo, no están enfermos y si lo están o lo estuviesen, ten por seguro que a ellos, los recortes, jamás les afectaría ni sus atenciones serían mermadas.
Es triste pero es así.
Un saludo.

El Gato Sirio dijo...

Qué envidia me da la clase alta. Me refiero a la clase alta de verdad, no a ese neologismo de “Clase media-alta” que define al currito acomodado, que se separa en mil euros mensuales de la clase media-baja y en varias decenas de miles de los ricos de verdad ( terminologías creadas para que un asalariado vote a la derecha). Pero me desvío, vuelvo al tema... Qué tremenda envidia me da la clase alta... No por sus coches de lujo, sus casas de revista, sus barcos en propiedad, sus vacaciones en lugares exóticos o el fabuloso hecho de trabajar por hobbie... Que envidia me dan por su pureza, que digo, por su absoluta candidez vital... Ese candor que solo tiene los ricos bien alimentados. Ese que les permite pensar que una mamografía significa únicamente 100 euros de gasto a en la seguridad social. ¿ ¿De verdad eres tan afortunado, Príncipe Shiddarta? ¿Acaso en tu palacio nunca entrá la vejez, la enfermedad o la muerte?

Yo crecí en un barrio de pobre buena gente. La pobre buena gente paga con su sudor cada trozo de vida que entra en su boca, cada noche que duerme bajo techo.. . La pobre buena gente se arruina o se margina si no puede madrugar cada día para sacrificarse mansamente (agnus dei cotidiano) en un trabajo que significa sufrir todos los días.

Decía que yo me crié en un barrio de pobre buena gente.

Creo que el padre de Daniel, Manuel y Alejandro era cristalero, pero no estoy segura porque tenia trece años y me importaba bastante poco de que viviesen mis vecinos. Manuel tenia un año más que yo, Alex, uno menos. Jugábamos a las cartas sentados en un banco de piedra. Habíamos juntado cien pesetas para comprar pipas y chicles en la tienda de Jose (dicho así, sin tilde) cuando vino Lilí, que era una mujer muy agradable, de unos cincuenta años, resuelta, de facciones redondeadas que vivía en el mismo portal que ellos y cuyo patio daba al mismo que la ventana de la cocina de mi abuela. (Razón por la cual se que cantaba coplas cuando tendía la ropa y he de reconocer que era de las voces mas afortunadas de la corrala). El caso es que vino Lilí y estaba seria. Miró a la furgoneta del padre de estos chicos, que estaba sentado dentro ( tumbado sobre el volante). Llevaba muchos meses yendo y viniendo del hospital, porque su mujer, pobre buena gente había notado un bulto duro en el pecho. Y a ella que toda la vida trabajó en la fabrica, y que los fines de semana limpiaba portales para dar de comer a sus tres hijos con la honestidad que le otorgaba el cargo, le habían quitado en poco tiempo los dos pechos y el pelo, y el brillo de los ojos y la carne morena que se marcaba en sus brazos duros y fibrosos de hembra que trabaja.

Lilí le puso la mano a Manuel en el cuello finito, púber, de catorce años... Y le dijo “Manolito, hijo. Ven, que te voy a enseñar a poner la lavadora.”

Manuel, hombrecito de un golpe, se quedó de pie, lívido. Alex, mas pequeño que nunca, se agarró a mi falda del colegio y lloro y gritó en mi regazo diez minutos. El barrio entero, un barrio de pobre buena gente se quedó en silencio respetando, venerando la voz de un niño gritándole a Dios.

Que envidia me da la clase alta. Que suerte tiene, señora Mato, de pensar en dinero cuando oye esas palabras: Medicina preventiva. Que suerte tiene porque significa que el dolor de verdad nunca entró en su casa.

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