Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas

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25 de octubre de 2008

MENSAJE EN UNA BOTELLA: homenaje a los que me estáis curando.



Hoy me he levantado feliz, muy feliz, con ganas de comerme el mundo, pero también nostálgico. He revisado uno a uno todos los correos de apoyo que me han mandado, todos los mensajes al móvil que me han enviado desde que estoy subido en esta montaña rusa llamada cáncer, y no sabéis cuanto me ha levantado la moral, incluso he llorado como una magdalena por todo aquello tan bonito que me han dicho; habéis sido mi más leal ejército en esta guerra, seguis siendo mi ejército en esta encrucijada, y lo más bonito aún, que siguen alistándose gente anónima o no, que se han enterado de lo mío, y no me dejan caer. Por todos ellos va este escrito, lo meteré en una botella y lo lanzaré al mar, para que todos los recojáis; éste es un homenaje que me apetece daros, regalaros, sé que no es nada para todo lo que vosotros habéis hecho por mí, cuanto bien me habéis regalado, y cuanto me habéis ayudado.

A mi mujer, que sin ella no podría haber llevado este mal de nombre feo como lo estoy llevando. Me inyecta tanto amor que me hace la vida realmente fácil. Ella fue la persona que estaba conmigo el día que me dieron la noticia, y aún recuerdo el abrazo que nos dimos llorando por el shok inicial, y ese abrazo me alimentó de fuerzas para luchar contra el mal. Se ha convertido en nuestra lucha, nos ha unido más, y, aunque soy muy despegado, no soy cariñoso de gesto, pero sí de pensamiento, desde aquí quiero decirle que la amo tanto que me duele. Gracias por todo lo que has hecho por mí desde que nos conocimos hace ya veinte años.

A mis hijos. Qué decir de ellos, me faltan palabras, me faltaría espacio, porque son todo en mi vida, mis ganas, mis ilusiones, mis miedos. ¿Cómo se pueden querer tanto a dos renacuajos? A veces me quedo mirándolos y con miedo he pensado, si no lucho contra esto, moriré, y no podré disfrutar de su compañía, no podré ver sus caras cuando se levantan, cuando ríen y lloran, no podré gozar de su inocencia, por eso me levanto todos los días dispuesto a ir matando más y más a mi enemigo. Aunque ellos están en lo desconocido en cuanto a mi enfermedad, me dan vitalidad para curarme, y cuando sean grandes, les contaré que fueron mi tratamiento y mi cura. A Carlo y Sergio, os amo.

Mi madre, que decir de ella. Su vida no ha sido fácil, y sin embargo nos la ha hecho muy fácil a los que estamos a su alrededor. Buena hija, muy buena esposa, y mejor madre. Cuando la llamé llorando diciéndole que tenía cáncer, creo que la enfermé conmigo, porque, aunque se ponía fuerte delante mía, detrás lloraba a más no poder. Desde el primer día ha estado conmigo en todos los procesos que he ido pasando; tiene un altar en su casa al que diariamente enciende velas, cuando vamos a revisiones, está con los dedos cruzados y apretando dientes. Ella me dio la vida hace treinta y un años, y curiosamente, me la sigue dando, con su apoyo, cariño y magia. Me gustaría ser más cariñoso y decirle cuanto la quiero de viva voz más amenudo, pero es que soy algo seco. Desde aquí, mamá te quiero muchísimo, eres mi mejor amiga, la mujer más maravillosa que me he encontrado y jamás habrá nadie más especial que tú.

Mi familia, carnal y política. Cuanto bien me hacen, siempre tienen palabras que a uno le hace subir el ego, y me tienen por las nubes ya. Nunca me han dejado de lado, y ahora más que nunca los tengo pegados a mí, arropándome y animándome. Saber que cuento con una familia tan especial me convierte en privilegiado, no seré rico económicamente, pero sí anímicamente gracias a todos vosotros, a los que están y a los que se fueron un día de la tierra, pero se instalaron en mi mente, en mi recuerdo y en mi corazón. Sé que todos me dais vida.

Mis amigos, que orgulloso estoy de tener tantos y tan buenos amigos. Los hay a los que no veo amenudo aún viviendo en mi misma ciudad, pero me transmiten su buena energia. Hay quienes viven muy lejos, como mi brother, que siempre tiene un mensaje de ánimo, unas palabras que se convierten en abrazos. Los hay a los que, a pesar que desde pequeño nos conocíamos, la vida nos separó y por circunstancias nos hemos vuelto a topar, y están ahí, lo sé, me lo hacen saber, me mandan sus mensajes, sus llamadas, sus mail preocupándose por mí. Y están los amigos a los que gracias a ellos me han hecho olvidar muchísimas veces que tengo cáncer. Estamos casi a diario juntos, hacemos el payaso, nos contamos lo bueno y lo malo de la vida, nos reimos. Sin ellos saberlos, han hecho mi enfermedad más llevadera, no me preguntan por mi estado, porque me conocen perfectamente y saben como estoy a cada momento. Pero también están los amigos desconocidos que se han ido uniendo a mí a través del esto llamado blog, que me han dado mucha fuerza por todo lo bonito que me han dicho, me han hecho crecer como persona, a esos amigos desconocidos, gracias. A todos los amigos, mis amigos, gracias por formar parte de mi cura, porque habéis sido tan importante como la radioterapia, y gracias a vosotros, me estoy curando.

Nunca he sido de decir mucho te quiero, más bien poco; pero desde aquí os lo digo a todos, OS QUIERO.





3 comentarios:

Anónimo dijo...

con la lagrimilla cayendo y la carne de gallina solamente decirte que te quiero mucho. A ti y a todos los tuyos. Siempre habeis sido un ejemplo de amor desinteresado.

brother

Iris de Brito dijo...

Gracias por darnos fuerza a otros que estamos en lo mismo,
seguí escribiendo, y siendo optimista, que eso se contagia.
Cariños,
Iris
viaje2005.blogspot.com

porlafamiliaporlavida dijo...

Hola:

Precioso testimonio, gracias por compartirlo.Me he sentido identificada en muchas cosas.

Un saludo.

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