Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas

Concurso de relatos sobre enfermedades crónicas
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7 de febrero de 2009

GRITAR


Hoy me he levantado con ganas de gritar al mundo. Quiero gritar mis alegrías, mis miedos, mis dudas, quiero gritar mis sentimientos.
¿Por qué gritar? Por varios motivos, quiero explayarme, quiero soltarme quiero, quiero, quiero, solamente quiero.
Gritar a la esperanza, que por favor no me deje, no me olvide, gritarle, mejor dicho, suplicarle que no me abandone y que siga presente en todos mis sueños, en todos mis actos, en todas mis metas. Suplicarle que nunca me suelte de su mano, que toda la fuerza que me ha dado me ha hecho ser valiente.
Gritar a la felicidad, que me ha hecho abrir los ojos y descubrir que se puede ser feliz con gestos, con pequeños detalles, con una conversación, con una risa, se puede ser feliz simplemente viviendo. Quiero perdirle que no desaparezca, que gracias a ella el mundo gira, que gracias a ella yo vivo, yo sonrío, yo respiro.
Gritar a la fortuna, porque soy el hombre más afortunado del mundo, por todo lo que tengo, que no es tangible. La fortuna me ha aportado una familia increíble, que nunca me deja solo, unos amigos para reír, para llorar, para hablar. Quiero gritarle que no desista, que aunque la gente crea que su descripción es económica, los que hemos sufrido hemos comprendido que no es así, que la fortuna es todo ese conjunto de situaciones y de personas que hacen que uno brille de forma especial, hace que uno se emocione con cosas tan sencillas como un abrazo, un beso, un "te quiero".
Gritarle al miedo, que se vaya de mi vida para siempre. Afortunadamente no está siempre presente, pero de vez en cuando me visita. Ahora, que se acercan mis revisiones, gira en mi cabeza más frecuentemente. Quiero gritarle que es un cobarde, que sólo aparece cuando uno es débil, pero no se atreve a enfrentarse cuando estamos al cien por cien. Quiero gritarle que no conseguirá perturbarme, aunque lo intente, poseo con armas para hacerlo desaparecer.
Gritarle a la incertidumbre, que intenta captar mi atención, siempre de la mano del miedo. Quiero gritarle que no sé que va a pasar, pero no quiero anticiparme, que venga lo que venga, si tengo que pelear, pelearé, porque con mi ejército que nunca se rinde haremos que todo lo de nombre feo se aleje de mi terreno.
Hoy me he levantado con ganas de gritar, y gritaré, porque si algo he aprendido, es que lo que se queda dentro nos debilita, así que a gritar.

4 de febrero de 2009

DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER


Hoy es el día mundial del cáncer. Un día para recordarnos lo vulnerable que es el ser humano. Un día para concienciar a la población de que este mal está ahí, que de un día para otro nuestros objetivos y metas se ven truncados, o mejor dicho, aparcados por culpa de esta enfermedad. En todos los diarios, en televisión se habla de este padecimiento, incluso se alza la figura (con razón) de los investigadores en esta materia, a los que todos los enfermos agradecemos su esfuerzo y dedicación.

Pero me pregunto yo, ¿para cuando el día quienes nos hace el camino hacia la cura más fácil? ¿Para cuándo el día de esas personas que trabajan en ese departamento o área del hospital llamado oncología? Su dedicación, su buen hacer, pero sobretodo su, su humanidad nos hace a los enfermos y familiares seres especiales, nos miman, nos cuidan, nos curan.

En el tiempo que he convivido con el personal sanitario durante mi tratamiento me han tratado tan bien, que si no fuera por la maquinaria, pensaría que estaba de charla con amigos. Nos hacían partícipes en sus conversaciones, incluso pidiendo consejos, nos contaban sus quehaceres diarios, o sus anécdotas del fin de semana. Me hacían sentir tan bien, que incluso dudé que eso fuera la seguridad social.

Una cosa que me llamó la atención fue que te tratan como una persona y no como un historial médico. Me llamaban por mi nombre, y no porque lo miraran en mi historial, ya que he tenido la ocasión de cruzarme por la calle con alguna enfermera de la radioterapia, y su -hombre Carlos- junto con un abrazo, han ayudado en la recuperación. Son gente especiales, gente que, a pesar de la tristeza del lugar de trabajo, iluminan por sí mismas esa fría sala de radioterapia.

Lo mejor, no solo ha sido mi caso. Este fin de semana he podido hablar con mi tío, un luchador más en esta batalla de la que ha salido victorioso (todo un ejemplo para los que estamos en el camino), y su percepción es la misma, la calidad humana del equipo oncológico es magistral, digna de admiración, digna de mención, digna de un día que sirva de homenaje.

No sé si el día del cáncer engloba al personal médico de esta materia, o se usa para colocar la pegatina en la solapa de la chaqueta previo donativo, o para concienciar a la población, pero desde aquí pido, solicito y exijo UN DÍA PARA EL PERSONAL ONCOLÓGICO, desde administración hasta enfermeras, desde médicos hasta técnicos sanitarios. Esto va por ellos, porque lo merecéis, porque nunca me cansaré de daros las gracias por curarme, por vuestros consejos, pero sobretodo, por tratarme como persona.

30 de enero de 2009

HACE UN AÑO COMENCÉ A DESHOJAR MARGARITAS

Hoy, treinta de enero, hace justo un año en el que mi vida tornó sin querer. A pesar de que estaba de pruebas, ya que un bulto salió a la luz, en mi cerebro desalojaba margaritas, deseando, suplicando, rogando que no fuera nada, aunque rondaba la idea de que fuera lo que es, le pedía a la margarita que se tratara de un susto.

Pero justo hace un año arranqué el último pétalo de esa margarita, y la respuesta fue muy clara y concisa. La respuesta era cáncer.

Justo hace un año, en este mismo momento lloraba sin parar, a escondidas, para que mis hijos no me vieran; buscaba un escondite, un lugar para mí, sólo para mí. Fue tan grande la caída que no había nada que me hiciera reaccionar. Cuando dolor me causaron esas palabras que, a la una de la tarde salían de la boca de un desconocido de bata blanca. Quise cerrar los ojos, que pasara el tiempo, pensé que comenzaría mi agonía, me aterraba dar lástima, me horrorizaba pensar que desaparecería, que mis hijos crecerían sin mi presencia, sin mis consejos y sin mis riñas.
Justo hace un año estaba tan asustado que no veía nada claro. Todas y cada una de las hojas de la margarita decían no, un no muy rotundo, muy severo, un no lleno de tortura, de sacrifico, un no vacío de esperanza.
Justo hace un año estaba equivocado, porque ha sido un paseo por todos y cada uno de los sentimientos, hasta llegar a deshojar los pétalos de la margaritas en los que la confianza, la ilusión y la magia de la vida están presentes, unos pétalos llenos de síes, de seguridad.
Hace un año que mi vida se unió a una margarita llamada cáncer, y cada vez hay más pétalos positivos. Justo hace un año que comencé a deshojar margaritas.

29 de enero de 2009

EL TIEMPO EN MIS MANOS.


El tiempo pasa, emigran los pájaros huyendo del frío, enfundamos de nuevo en el trastero el viejo árbol de navidad que hemos vestido con sus mejores adornos para lucir unas fechas entrañables, la vuelta al cole con las pilas cargadas y todos los niños hablando de cuanto y cuanto le han traído, y como todo pasa, mi periodo de descanso también; comienzan las pruebas para un nuevo duelo, solos el cáncer y yo, yo y el cáncer.
Febrero es uno de mis meses preferidos, mis hijos cumplen años en este mes, tiene menos días, con lo que se avanza más rápido el año, y espero que también lo pueda recordar como el mes en el que destruí un poco más a mi enemigo. Ojalá lo destuyese por completo, pero como no será posible, ni quiero, porque pretendo que cuando acabe con él sea para siempre, de una forma definitiva, y eso no congenia con las prisas ni la rapidez.
Ya tengo el frigorífico lleno de las famosas citas médicas, todas ellas sujetadas por imanes, para que no se me olvide ninguna, aunque, las tengo apuntadas tan afondo en mis entrañas, que sería difícil. Cada una de ellas tiene una misión importante, diferentes entre sí, pero con un mismo fin, ser destructivas ante un mal.
Primero llega la extracción de sangre. Antes no podía mirar cómo me la extraían, caía redondo, pero, desde que estoy abonado a la sala de extracciones, miro más detenidamente esos glóbulos que salen de mi vena para llenar unos frascos, y pienso, sed fuertes, tenéis que ayudarme, sois la voz de mi interior, sois quienes me informáis de como va el proceso, y sé que no me vais a defraudar.
Después viene el tac. Y también pienso cuando estoy metido en ese tubo, con una camilla que avanza y retrocede mientras un gigantesco anillo fotografía mi tórax. ¡Cómo me gustaría tener una visión especial para poder adivinar los resultados en ese justo momento a la vez que ese gigantesco anillo dibuja mi tórax! Cuando noto que el contrate entra en mi interior, sintiendo una oleada de frío suero recorriendo mi ser, mis nervios se ponen a flor de piel. Es cuando pienso en ese mal de nombre feo, me vienen flash-back de todo lo que he pasado, los momentos malos y buenos, y es cuando más me siento orgulloso de mí, de poder llevar de la mejor forma mi enfermedad.
Una vez realizadas las pruebas, comienzan los informes. Ahí no pienso, o pienso todo junto, no sé, una sensación de nerviosismo y pasividad, de alegría y tristeza, me convierto en mi todo y en mi nada.
Pero todo llegará, porque ahora, disfruto de cada instante, porque ahora he conocido la felicidad, porque ahora, ahora tengo el tiempo en mis manos

18 de enero de 2009

A MI ABUELA (sé que donde estás me proteges y cuidas)


Querida abuela:
Aunque hace mucho que no me dirijo a ti, quiero que sepas que no hay un solo día que no me acuerde de ti, de tus gestos, de tu forma de caminar (o saltar), de las frases típicas y tópicas que decías día tras día, de tus vestidos, de tu olor.
Te fuiste hace dos años y medio, y aunque hubo un momento en el que los médicos decían que no recordabas nada, yo quiero pensar que sí, que nunca nos olvidaste, que nunca me olvidaste. Y ahora, que estás en otro lugar, sé que tampoco lo harás.
Desde que te fuiste, la familia ha crecido; a día de hoy serías bisabuela por novena vez. A mi dos niños, siempre le cuento cosas tuyas, los poemas que recitabas, los dulces que hacías, y que era la excusa perfecta para reunir a toda la familia; hago todo lo posible para que no te olviden, y lo he conseguido, hablan mucho de ti.
Como sabrás, también mi vida ha sufrido algún que otro cambio. Hace un año que me detectaron cáncer. Al principio, me vi solo, desorientado, casi sin ganas de vivir, tenía miedo, mucho miedo. Me sentí vacío, perdí la ilusión y pensé que todo acababa. Pero te alegrará saber que eso sólo duró cuatro días.
Al quinto día, decidí luchar, decidí no acobardarme ante algo de nombre tan feo; al quinto día resurgí de mis miedos y temores para combatir. !Y no veas con qué ejército me he hecho!
Las noticias sabes que corren como el agua en río, y de buenas a primeras me empecé a encontrar con un montón de soldados que se preocuparían en no dejarme caer al vacío. Empecé a notar el cariño de tanta gente, que sólo por eso valía la pena luchar. Si tenía algún día nublado, mi alrededor me daba mil y una razones para estar feliz, y conseguía hacer desaparecer esa nube que tapaba la felicidad.
Comencé a radiarme, y, entre lo químico y mis ganas por vivir, comenzamos a derrotar a ese monstruo llamado cáncer. Hasta hoy todo va sobre rueda.
Entonces, descubrí que se puede ser feliz, que yo lo era, y mi mayor propósito era hacerlo saber, correr la voz para que la gente fuera feliz. Empecé a descubrir lo maravillosa que es la vida, me di cuenta que antes de esta enfermedad, estaba dejando pasar momentos mágicos.
Abuela, sé que desde donde estás, me proteges; a diario te siento a mi lado, y sé que nunca dejarás que me rinda. Sé que eres un soldado más en mi batalla, es más, desde hoy te condecoro con el mayor galardón que exista, porque, desde donde estás, me mandas tu fuerza, y optimismo, la misma que antes en vida siempre nos daba.
Esto va por ti abuela, de tu nieto que tanto te quiere y tanto te recuerda.

9 de enero de 2009

EL CUENTO DE LA FELICIDAD


En un mundo donde todo pasaba sin percibir los aromas de la felicidad, un pequeño ser quiso cambiar el mundo. Contaba con todo lo suficiente para ser feliz, a pesar de tener una salud delicada, muchas horas en un trabajo donde se le escapaba buena parte del día y un sin fin de problemas cotidianos. A pesar de todo era feliz. La gente susurraba a su lado, - no es posible, ¿cómo puede ser feliz?-. Pues lo era, y no sólo feliz, sino muy feliz.
Cuando este ser se levantaba, pensaba en las cosas tan maravillosas que le esperaba en esa jornada; cambiaba lo negativo por lo positivo. Lo que se suponía que sería una reunión interminable de trabajo, lo convertía en una reunión de amigos donde lo menos que iba a sacar sería la satisfacción de poder aprender y enseñar conocimientos nuevos. Lo que se suponía que sería un día de lluvia, lo transformaba en una jornada casera con su familia alrededor de una mesa de camilla, y todo amenizado con una charla sumamente agradable. Lo que se suponía que era una enfermedad bastante seria, como un cáncer, lo transformaba en una prueba que le mandó la vida, para poder apreciar lo bello de la vida, lo bello que es vivir. A pesar de dar sus razones, siempre lo tachaban de loco, nadie se creía que tuviera suficientes razones para ser feliz, es más, apostillaban que debería ser un ser deprimido, ya que pesaban mucho los factores negativos. Pero este ser seguía en sus treces, no quería cambiar nada, no permitía que nadie le perturbara, era feliz y punto.
Cansado de que nadie le creyese, decidió escribir sobre sus vivencias, contar que se puede ser feliz. Reunió a un grupo de personas para contarles una vivencia que le marcó, y sin querer, esa vivencia le ayudó a combatir su enfermedad.
" Hace unos años que viajé a un país que, a pesar de tener un turismo bestial, era un país pobre, muy pobre. Tenían muy poco recurso, sin embargo eran ricos en pensamientos, sabían ser felices con lo que tenían. Y lo eran, muy felices, con lo poco que tenían, lo eran. La esperanza de vida en ese país no era muy alta, había epidemias, huracanes, hambre, y sin embargo tenían una filosofía tan bella y tan distinta a la de un país desarrollado y rico que hacía que los que no fuéramos como ellos nos sintiésemos egoístas y deplorables."
Esa experiencia se le quedó grabada en el fondo de su alma, y unido a la prueba que le mandó la vida llamada cáncer, comenzó a ver todo por los ojos de las personas que había conocido en aquel viaje. Y lo consiguió, comenzó a creer en él, aprendió a no desaprovechar todo lo que había a su alrededor y que el ritmo de vida lo hacía ciego ante eso, y entonces supo lo que era la felicidad, supo lo que era ser feliz, muy feliz.

3 de enero de 2009

¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?...


¿Por qué hacemos de lo fácil lo difícil?
¿Por qué dejamos pasar los momentos tan mágicos y brillantes que nos regala el estar vivos y solamente nos centramos en los que nos hace perder el tiempo y nuestra paciencia?
¿Por qué no nos enfrentamos a nuestros miedos para así poder vivir en paz?
¿Por qué me ha tocado tener cáncer?
¿Por qué me siento el hombre más afortunado del mundo, aún teniendo cáncer??
Todas y cada una de estas preguntas las he podido resolver durante mi lucha con el mal, con el tumor de nombre feo, muy feo.
En lo diario, nos complicamos con las cosas fáciles, nos empeñamos en buscar lo que no hay, porque no concebimos que algo sea simple, fácil, nos creemos que lo fácil tiene gato encerrado, sin disfrutar de lo que nos aporta. Los días pasan, no vuelven, y lo que dejamos atrás no lo recuperamos; mi primera moraleja ha sido el hacer lo más fácil posible mi vida, simple, sencilla, pero disfrutarla al cien por cien.
Nos nublamos, nos cegamos, nos enmudecemos ante pequeñas cosas sin ver lo que hay alrededor nuestra, sin sentir la magia de la vida. Nos hemos convertidos en robots, nos levantamos, desayunamos, trabajamos, comemos, dormimos, pero no nos detenemos a disfrutar; lo bueno de la vida no tiene etiqueta ni precio, no desgrava, pero renta mucho, nos garantiza ser libres, sin ataduras, nos da paz, nos convierte en seres magníficos y el día en el que se nos apague la luz, haremos un balance, y tenemos dos opciones, pensar que hemos desperdiciado el tiempo, o sentir que hemos sido realmente felices, que hemos hecho feliz a los nuestros y viceversa. Yo elijo la segunda opción, hoy por hoy soy una persona feliz, muy feliz.
Pocas veces me he preguntado el por qué tengo cáncer, por qué yo. No he encontrado respuesta, y finalmente he dado por hecho que me tenía que tocar a mí. La vida me ha dado un toque de atención, haciéndome vulnerable por un tiempo y saber salir airoso de los obstáculos que tenemos. Cuando acepté que tenía lo que tenía, decidí tomármelo como un regalo, porque ha sido más momentos buenos que malos los que me ha aportado. Aún así, no me lo cuestiono mucho, porque no hay respuestas para ello, o no las encuentro. Que un puñado de proteínas se hayan querido instalar en mi clavícula y trincharse, pues ahí estoy yo para luchar contra ellas. Lo mejor, el ejército que me acompaña, cada día más numeroso, cada día más fuerte, y sobretodo, cada día me siento más orgulloso de toda la gente que tengo.
Con todo lo anterior, ¿cómo es posible no sentirse el hombre más afortunado del mundo? El cáncer ha acondicionado mi vida, pero no la centra. No con todo ello quiero decir que el cáncer sea algo benévolo, todo lo contrario, pero todo tiene sus dos partes, la buena y la mala. La parte negativa de un cáncer de sobra es conocida, pero la positiva no se ha explorado, bueno, yo sí, me he sentido explorador para buscar lo bueno, y lo he encontrado. En todo este tiempo, he sido capaz de amar más, disfrutar más, reír más; me he reencontrado con tanta gente que creí haber perdido, he podido notar que importo a más gente de la que pensaba, me miman y me quieren, qué más puedo pedir.
Esto pasará, me curaré, pero jamás olvidaré lo que fui y lo que soy, ha sido mi universidad este periodo de tiempo, y estoy seguro que marcará mi sino en la vida.
Aparcamos nuestros miedos y los enmascaramos, para evitar enfrentarnos a ellos, pero en el día a día nos acordamos de ellos, dejando que la vida se esfume. Hay que plantarle cara, ser fuertes, que lo somos, aunque creamos lo contrario. A mí me dicen hace un año y medio que iba a pasar por todo lo que he pasado, y me hubiera muerto de un patatús, y mira por donde aquí estoy vivo, y lo más importante, feliz, muy feliz. Actualmente aún tengo algún que otro miedo, sobretodo por mis hijos, pero poco a poco los voy venciendo.

31 de diciembre de 2008

OTRA VEZ EL CHAMPAGNE Y LAS UVAS ....


Comienza la recta final de este año, mi gran año raro; preparamos nuestras mejores galas, empiezan los rituales correspondientes a este día, el último día del año, ropa interior roja, almorzar con lentejas, echar oro en la copa del brindis, y con todo eso uno se predispone a pasar un gran año venidero. Yo siempre he hecho esos rituales (no soy superticioso, que da mala suerte), y la verdad, unos años han sido buenos, otros malos, y este que ya termina, raro (muy muy raro).
Y digo año raro, porque, siendo justo, no ha sido malo, ha sido un año lleno de cosas nuevas, un año lleno de colores, empezó negro, luego gris, dando paso al verde, después al rojo, al azul y así hasta llegar al blanco, al momento de paz y de felicidad que siento en este momento.
Ha sido el año que más he hecho de todo, más he llorado, más he sufrido, el año en el que más vulnerable me sentí,............., ha sido el año en el que más me he reído, más he salido, más me he sentido arropado y apoyado, el año en el que mi vida comenzó a ser vida, pasé de robot que hacía las cosas matemáticamente a ser el hombre que siempre quise ser, disfrutando con lo más mínimo, dejando los problemas banales a un lado y ahogándome en una piscinas de sentimientos ocultos.
¿Que qué le pido a este año? Salud, mucha salud, salir de esta enfermedad para poder ayudar a personas como yo; seguir siendo feliz, e impregnar esa felicidad a personas enfermas, poder decirles que con cáncer se puede ser feliz; además, este año es uno de los años más importantes de la vida de mi hijo, su comunión, y quiero que sea una fiesta, su gran fiesta, quiero estar bien para hacerle gozar y disfrutar de ese día, que se convierta en un día inolvidable.
Este año quiero conocer a todos los que me han ido apoyando en esta cruzada, los que están como yo, saldremos, todos saldremos, y haremos una gran fiesta, brindaremos, nos abrazaremos y sobretodo, nos alegraremos de poder estar vivos, de poder estar sanos, de estar curados.
Este año va a ser mi año, nuestro año, el 2009 será el año en el que ganamos la batalla al cáncer.
FELIZ AÑO 2009 A TODOS.

23 de diciembre de 2008

CARTA A PAPÁ NOEL


Querido Papá Noel:


Como bien sabes, este año ha sido un aprendizaje muy especial para mí. Desde que me diagnosticaron cáncer no me he dejado sucumbir por la tragedia ni la pena, y contra todo pronóstico, he sabido salir a flote con la cabeza bien alta, iluminando los días tristes y disfrutando los días alegres.
Sé que hace muchos años que no te escribo, más bien te acompaño a la hora de elegir los regalos de los míos, me he convertido en tu asesor, pero este año es diferente, este año es especial para mí.

Por estas fechas justo hace un año me sentía angustiado, sin saber qué se cocía en el interior de mi organismo, ya que un bulto decidió salir a flote, y mientras me hacían pruebas y demás, nos encajamos en las navidades. Aunque un médico me dijo que no me preocupara, que no era nada serio, ya que en la radiografía no se apreciaba nada, tenía un presentimiento, de que algo no funcionaba bien. Finalmente, un puñado de proteínas decidieron hacer una sentada en mi clavícula formando un tumor. Podría haber sido peor, pero no lo ha sido, y empecé con el tratamiento. Me han radiado durante veinticinco semanas, un poco cansado sí, pero ha sido tan efectivo ese tratamiento, que cada vez que voy a alguna revisión, todo va viento en popa.

Este año no te voy a pedir nada material, porque, con los años he aprendido que lo material es tan efímero y tan banal, que no nos lleva a ningún lado. A mis niños y familiares, pues ya te he ayudado en la elección; pero esta carta es mía, y voy a ser algo egoísta, ya que lo que te voy a pedir es para mí. Quiero salud, mucha salud. He visto las orejas al lobo, y aunque pongo todo de mi parte, una ayudita tuya no me vendría mal. No quiero correr en la curación, lo único que pretendo es curarme. Eso sí, hay que ser justos, y por ello quiero agradecer a todo el equipo médico que me han tratado y ayudado, y al otro equipo, los que me rodean y me miman, por no dejarme caer nunca.

De pequeño me trajiste bicis, juegos de mil formas, geyperman, pero sobretodo me traías mucha ilusión, te esperaba pacientemente y ansioso a la vez, y curiosamente, este año te espero igual, con mucha ilusión, deseando desenvolver esa porción de salud que me vas a regalar, a mi y a todos los que estamos con algún problemilla. Sé que estás en mi ejército, y que me ayudas desde ese lugar mágico donde vives, rodeado de nieve, renos y pequeños duendecillos, y que pronto habrá acabado esto.

Sabes que he aprendido la lección que me ha dado la vida, y estoy disfrutando todos y cada uno de los momentos sorprendentes que tiene el estar vivo, y eso jamás lo olvidaré.

Una cosita más, si no te importa, me gustaría aprovechar esta carta para desear a todos todos todos FELIZ NAVIDAD, que todos seamos felices, cada día más, me gustaría desear que todos seamos felices no sólo en este periodo, sino en todo el camino llamado vida.

Sin más, para no entretenerte, desearte un feliz día, pedirte que tengas paciencia con todos, y agradecerte que siempre hayas estado ahí

10 de diciembre de 2008

.... Y LLEGÓ EL BALANCE, el primer balance



Ya ha pasado un año, trescientos sesenta y cinco días en los que he vivido al máximo, doce meses muy intensos, y ahora llega la reflexión.


No ha sido fácil llegar hasta aquí, he subido muy cuesta arriba, pero ha merecido la pena, el vivir merece la pena. A pesar de que no supe la noticia hasta pasado más de un mes, mi tumor de la suerte y de nombre feo salió el 7 de diciembre de 2007. Y mucho he pasado desde entonces, creo que es justo pararse a reflexionar, soltar todo para comenzar un nuevo año al que solamente le pido salud, mucha mucha salud.


No puedo decir que todo ha sido bueno, porque, seamos honestos, un cáncer no es bueno. Pero sería injusto por mi parte decir cuanto dolor, sobretodo anímico he sufrido, cuantas lágrimas he soltado y cuanto maldije mi organismo. En este tiempo lo malo me enseñó que todo tiene dos caras y que hay que saber elegir la correcta, la buena, todo tiene lo amargo y lo dulce, lo cruel y lo benigno, la desgracia y la felicidad; sólo hay que reflexionar para dejarnos envolver con la parte beneficiosa para nosotros, que la vida son dos días y hay que saber disfrutarlos.
Lo que más me enorgullece es que, pasado unos años, poder contar que tuve una lucha con un cáncer de nombre feo, muy feo, y que lo vencí, que la aparente vulnerabilidad que yo tenía se convirtió en mi aliada para poder vencerlo, que con mis ganas y tesón, y un ejército de familiares y amigos combatimos y ganamos.
Ojalá pueda ayudar a gente en mi situación, o a familiares para poder paliarles el dolor que esto provoca. Ojalá algún día no muy lejano pueda contar mi experiencia para ayudar, ese es mi propósito. He pasado por mucho dolor, he sabido canalizarlo para que no me venciera, y eso es lo que quiero expresar, dar mis consejos, como lo que escuché una vez, y ha sido mi grito de guerra, "la cura empieza por la cabeza". Quiero ser mecenas de todo lo que he escrito, ayudar en batallas ajenas, quiero convertirme en el hombro para que se apoyen. Quiero hacerles ver que con cáncer se puede vivir, que con cáncer se puede ser feliz, y sobretodo, que el cáncer se curará.

6 de diciembre de 2008

PRIMER AÑO DE VIDA (o mi mejor año)


Un año ya, ha pasado tan rápido y tan despacio a la vez, ha sido tan penoso y tan glorioso a la vez, que no se me ocurre otra forma de describirlo mas que un año de vida, de nueva vida.

En este año me he encontrado a mí mismo, he recapacitado, he aprendido a canalizar el tiempo, y sobretodo, a disfrutar del tiempo. Ha sido un año lleno de incertidumbres, con muchas lágrimas, lágrimas de dolor, lágrimas de alegría, lágrimas de vida; éste ha sido un año muy intenso, demasiado para asimilar todo, por eso sólo me quedo con lo bueno de este año.

Si hace un año y un día me dicen que me iba a pasar todo lo que me ha pasado, no me lo creo. Y es que de buenas a primeras me he visto envuelto en tantas cosas que casi no doy crédito a todo lo que me ha pasado.

He conocido al dolor, a la vulnerabilidad, al terror y al miedo, pero en este viaje me ha acompañado y guiado la ilusión, la amistad, el amor, la vitalidad, la fuerza, el coraje y sobretodo las ganas por ser el único vencedor en mi batalla particular.

En esta aventura me he topado con gente que me ha aportado tanta energía que ha sido fácil sobrevivirlo. Me he reencontrado con amigos, he podido afirmar lo que siempre sospechaba, que tengo la mejor familia que nadie puede tener, jamás me he sentido solo, me han guiado, todos los que me rodean y se preocupan por mí han sido mis alas para no caer, han sido el hombro donde me he desahogado, han sido mi aliento, me han enriquecido con todos sus gestos y actos. Este año ha sido mi año, mi GRAN año.

En este año me topé con mi enemigo, de nombre feo, muy feo, quiso medir las fuerzas conmigo, y no ha podido, y no va ha poder. Las batallas las voy ganando una a una, las vamos ganando una a una, y la voy a ganar, la vamos a ganar.

Ha sido un año completo, he aprendido, he renacido, y estoy creciendo, creciendo como persona, como marido, como hijo, hermano y amigo; no ha sido un año de propósitos, sino de realidades, de grandes cambios en mi ego, en mi mente y en mi corazón.

Puedo decir que ha sido mi mejor año; me he reencontrado y he pulido mi personalidad; me he esforzado en vivir, en sobrevivir; me he rodeado de gente que me quiere y me cuida; he plantado cara al cáncer y al dolor; por todo esto y más, mi mejor año.

2 de diciembre de 2008

MIS PRIMERAS NAVIDADES (o las más especiales quizá...)


Diciembre ya llegó, y con él el periodo que más me gusta (con lo ateo que soy....). Siempre me ha entusiasmado la navidad, mucho, muchísimo, y desde que soy padre más aún. Disfruto todo lo que conlleva, desde el ver una y otra vez los catálogos de juguetes con los niños (os puedo asegurar que lo he visto en lo que llevamos de periodo como veinte veces), montar el árbol y el belén, salir a pasear y ver el alumbrado, ver a la gente cargada de bolsas con las compras propias de este tiempo (aunque con la crisis, irán más ligeros de equipaje....), cantar villancicos (o tararearlos, mi timidez no me deja cantar en público), y todos esos rituales que van acaeciendo. Pero lo que más me gusta de todo es la cara de ilusión, de alegría de los niños cuando la mañana de reyes se levantan aún con las legañas pegadas en los ojos a abrir mil y un regalos. Ese momento lo tengo guardado en mi retina año tras año.
Estas navidades son aún más especiales para mí. Mis primeras navidades de guerrero, de luchador, de sobreviviente y sufridor. Os puedo garantizar que las voy a disfrutar aún más. Nada perturbará mis ilusiones.
Este domingo día 7 de diciembre hará un año del que me salió el tumor (a las tres de la mañana me di cuenta...), y vamos a hacer una fiesta, a celebrarlo, porque, gracias a él mi vida cambió a mejor (quién me lo iba a decir).
Ha sido un año raro, diferente, ha pasado tanto en tan poco tiempo que casi ni he asimilado, o mejor dicho, no he querido asimilarlo más de lo normal, porque no quise, no quiero perturbar mi mente más.
¿Qué ha tenido de diferente este año, si he reído, he llorado, he disfrutado y me he agobiado? Pues la diferencia fue que empecé a agobiarme, a llorar más que nunca, y de buenas a primeras a reír más que nunca, y a reír más que nunca. Me he sentido en la escuela, pero en lugar de ser el Funcadia que era como se llamaba la mía de antaño, ésta se llama la escuela de la vida. Lo mejor de todo, que ahora siento más que antes.
Por todo ello son mis primeras navidades, o las más especiales (si cabe...)

22 de noviembre de 2008

MIRÁNDOME EN EL ESPEJO




Ya que han pasado los nervios ante esa prueba de fuego llamada revisión, ahora toca hablar de mí, y lo haré en primera persona, me miraré en un espejo y os contaré como soy, lo que veo, lo que siento.

Soy extremista, o me encantan las cosas o las odios, el punto medio no existe en mi vida. O me apasionan las cosas o las detesto, así que no os asustéis si encontráis expresiones con "me encanta" u "odio", porque son palabras muy de mi día a día.

Entre las cosas que odio, las verduras, legumbres y sobretodo cosas que no se le puedan echar mayonesa. Las cosas verdes en la comida, pues no van conmigo, intento comerlas, hacer de tripas corazón, pero se me resisten. Odio el tomate, me da fatiga, no puedo con su textura. Y sobretodo, odio cuando voy a comer y te ponen un "cacho" plato con una minúscula porción de carne en el centro, acompañado de hierbas y de cosas que siempre pienso que se encuentran en los bolsillos de los camareros y para adornar las echan en el plato. Odio la gente que juzgan a los demás, que se creen superiores, que crecen cuando pisan al prójimo, más que odiar, quizá me den lástima estas personas que viven con la arrogancia como auto estima. Odio la frase "uy, estás más gordito", sí señora, me he cebado esta semana y no soy ciego, así que no me machaques con esa frase, porque si me pongo yo a decir como estás tú...., evidentemente es lo que pienso, no lo digo, me limito a poner cara de sí, sí, y agacho la cabeza. Me da asco montarme en el bus a las dos de la tarde, que por desgracia utilizo para no quebrarme la cabeza dando vueltas para aparcar el coche cuando voy a trabajar. La gente no conoce el significado de higiene personal?? Dios, como puede haber gente así, en pleno siglo XXI sin nociones de higiene. Puedo entender que a las dos de la tarde estén algo sudados, pero que a las nueve de la mañana esa misma gente que coincidimos en el bus huela como huelen, pues no lo entiendo la verdad.

Aparte de odiar, también me encantan muchas cosas.Me encanta el beso de la mañana de mi mujer y mis hijos. Ese primer beso me transmiten sus sueños, su paz por el nuevo día, es el beso más especial, junto con el que le doy a mis hijos cuando ya están dormidos. Me encanta estar con amigos en el bar de la esquina de mi casa, hablando de nuestros trabajos, nuestra vida, desahogarnos, reírnos, divertirnos, escuchando y sobretodo uniéndonos más. Me gusta escuchar, intentar aconsejar, aunque no es fácil, pero el simple hecho de ofrecer mi hombro creo que es un gesto que nadie debería perder ni olvidar, ayuda y mucho, yo lo he necesitado en numerosas ocasiones, y siempre he tenido hombros para apoyarme. Me encanta mi trabajo, con mi estress, las mil y una llamadas en media hora, las prisas y los suspiros, me hace sentir vivo. Me encanta el azul, ese color desde que tengo uso de razón se ha apoderado de mí, y siempre llevo algo azul, se vea o no. Odiaba los tatuajes, pero me encanta el mío, me lo hice por el amor que siento sobre mi mujer e hijos. Me gusta escribir, que fácil es demostrar lo que siento así, y no por palabras.
Me aterra el alzehimer, he visto el sufrimiento de mi abuela, y más que el de ella, el sufrimiento de todos los que la rodeábamos, y ver como poco a poco nos iba olvidando, aunque prefiero creer que en el fondo de su mirada sabía quienes éramos. Por eso, cuando veo la película "El diario de Noa", lloro a moco tendido.

Me gusta la música, aunque odio la que no aporta más que ruidos. De esa música de verdad que tanto me entusiasma destaco un grupo, Mecano, y una voz, Ana Torroja. Han puesto banda sonora en muchos momentos de mi vida, y gracias a esa admiración, conocí a gente maravillosa, incluso un brother madrileño.
Odio los anuncios, cuando empiezan, tengo la necesidad de hacer zapping de manera compulsiva, incluso cuando dicen "volvemos en 20 segundos", que por cierto, lo odio más.
Del cine, todo lo que hace Julia Roberts me parece una maravilla, incluso esa peli rara llamada Closer. Me encantan las pelis del género thriller o intriga, las de miedo (que no de sangre), y también las comedias. Odio las pelis de arte marciales, creo que de pequeño me saturé de todas ellas.
Esto ha sido una terapia para conocerme mejor a mí mismo, para los que me conocen lo hagan mejor, y para los que no me conocen lo empiecen a hacerlo.
Ah, se me olvidaba, me encanta estar vivo para que las cosas me encanten o las odie.

20 de noviembre de 2008


07.03 del día 19 de noviembre. La noche antes, para poder conciliar el sueño, tuve que ayudarme de un par de valerianas. Me desperté antes de que sonara el despertador, y empezó mi cabeza a funcionar, a pensar en todas las opciones posibles. Decidí no pensar, ya que, tenía el día libre en el trabajo, podría disfrutar de unas horas previas antes de saber el resultado. Así que me alegré bastante el poder llevar a mis niños al cole, disfrutar de ese momento que por el trabajo no puedo hacerlo amenudo.
La cita la tenía a las 13.15 horas, así que tuve toda la mañana para seguir nervioso, muy nervioso. Intenté entretenerme con la tele, mi vista apuntaba hacia la pantalla, pero mi pensamiento estaba en otro lado. Mi mujer me daba conversaciones, la oía, pero no me centraba del todo en las numerosas charlas.
12.10 horas, cojo documentación que tenía que llevar, radiografías y volante de cita, nos montamos en el coche y nos dirigimos hacia el hospital, ya que aparcar allí es toda una aventura (y suerte si me apuráis...). 12.31, como era temprano, nos vamos a la cafetería del hospital (los estados de nervios me da por tener más hambre) y pido una coca cola y una tapa (que por cierto, la cafetería del hospital deja mucho que desear, malas caras, poca higiene, ya que me dieron un vaso roto, y el siguiente por el que me lo cambiaron, manchado de zumo de naranja). 12.56 nos vamos a la sala de espera de la consulta de hematología.
13.15 horas, para variar, hay retrasos, cual aeropuerto, así que los nervios se despuntan cada vez más. Me siento, me levanto, paseo, me siento, observo, pero sobretodo, pienso y pienso mucho además.
14.21 horas, oigo que la enfermera me nombra (no había nadie más en la sala, todos estaban atendidos) y entro.
Saludo a la doctora y me siento, y siento como floto en el miedo y la incertidumbre. La doctora empieza a mirar las analíticas, tanto la reciente como las anteriores, y a hacer cuentas en una diminuta calculadora, y mis nervios y miedos cada vez son más agudos; parece que va a decir algo, pero simplemente se limita a mirarme y volver a realizar más cuentas. Se confunde en la cuenta y logra aterrarme, ya que según la primera cuenta, habría subido los índices de mi enfermedad, pero finalmente se trató de un error, así que me da la grata noticia. Todo va muy bien, mi sangre lucha contra la enfermedad sin dejar comerse terreno, aproximando el final de la batalla e imponiéndose ante el enemigo.
14.50, salgo de la consulta, mando un sms a mis contactos y empieza un día de júbilo y satisfacción, lleno de mensajes, llamadas, brindis y muchísima felicidad. Ha sido mi regalo de navidad anticipado, hasta final de febrero no volveré a medirme con mi enfermedad cara a cara. Aunque la lucha es diaria, los días de revisiones es donde se averigua quién va ganando, y por ahora (tocando madera) soy yo.
Gracias a todos por todas las energías tan positivas que me habéis mandado, y perdonad que no haya escrito antes (me han echado la bronca, tenía a gente pendiente del blog para ver el resultado), pero es que ayer no tuve tiempo por la celebración, y hoy por el trabajo.
No tengo sangre azul, pero fuerte es un rato.....

18 de noviembre de 2008

MOMENTO DE REFLEXIÓN


A veinticuatro horas de la recogida de resultados de mis pruebas, llega el momento de reflexión. En todas las revisiones a las que he ido, siempre el día antes han sido de nervios, de incertidumbre, pero sobretodo, en estas horas previas vienen a mí un remolino de imágenes y recuerdos de toda esta encrucijada, los recuerdos me invaden, quizá me vuelvo más nostálgico, ojo, sin pesimismo alguno, porque, curiosamente, el día previo suelo estar más optimista que los anteriores, y más hoy con la cantidad de abrazos cargados de buenas energías que me han mandado en forma de mensaje (mil gracias amigos, yo también estoy con vosotros, lo sabéis).
No es necesario vivir muchos años para haber vivido muchas experiencias, yo soy un afortunado, puedo decir con la boca bien llena que he vivido bastante intenso estos treinta y un años. Por muchos motivos, unos muy buenos, otros no tanto, aunque menos mal que son los menos. Cuando era pequeño quería volar, siempre he querido volar, he soñado que iba volando al cole, jugaba volando, y con el tiempo creo que esa obsesión por volar se traduce en que vivo con ansia la vida, con ganas, con libertad. Siempre he soñado que tenía alas para poder desplazarme, y un día, un tumor de nombre feo quería cortármelas, y lo que ese tumor de nombre feo ha conseguido agrandar más mis alas, vivir más vida, disfrutar más de mi libertad. De pequeño me consideraba inmortal, y cuando digo de pequeño me refiero hasta hace un año, y este tumor de nombre feo me ha enseñado la vulnerabilidad de la vida, la fragilidad tal vez, y a su vez la fortaleza mental del ser humano.
Ahora mismo cuento las horas, los minutos, los segundos que distan hasta la cita con mi médica. Allí si que sudo eh, porque además, la doctora se pone en silencio a leer los informes, me mira y vuelve a leer, y así como diez minutos que se me hacen eternos, si supieseis todo lo que pienso en ese tiempo. Miro a mi mujer, y la veo como intentando leer tras el papel, mi madre cruzando dedos, pies, y rezando en voz baja. Dios, unas ganas de coger a la tipa esa y decirle, habla coño, habla, jeje. Las veces anteriores han sido todas buenas noticias, y en ese momento pienso en todo mi ejército que está conmigo en esta batalla, dando forma al sms que mandaré nada más salir a mis contactos, y deseando hablar con todos y cada uno de ellos, que me mandan tantas energías y cariño, que engordo de ego. Confío, deseo, espero que esta vez sea igual. No quiero fracasar en esta etapa de mi vida, quiero salir victorioso.
En fin, es mi momento de reflexión.

17 de noviembre de 2008

NERVIOS, NERVIOS Y MÁS NERVIOS


Se aproxima el día, pronto conoceré el estado de mi enfermedad, y es inevitable sentirse nervioso, muy nervioso.
Aunque anteriormente conté como he aprendido a saber esperar, para esto aún no me he acostumbrado, incluso pienso las dos opciones posibles que hay, para estar prevenido, pero, ¿se puede preveer los sentimientos ante noticias tan importantes?
Para mí, estos días son un quebradero de cabeza, me digo, sí, sí, seguro que todo va a ir genial; pienso también,¿ y si me sale que no va tan bien como debería? Entonces empiezan en mi cabeza las neuronas a discutir (incluso me las imagino cual dos colaboradoras de programas de debate defendiendo cada una su postura). Confío y deseo que todo vaya bien, me lo merezco, he aprendido la lección que me ha dado el cáncer, me cuido, me mimo, me valoro, y lo más importante, he aprendido a que todos somos vulnerables, así que, necesito tener mi recompensa a toda esta angustia. Quizá suene a egoísta, pero también me he convertido en egoísta, en la dosis justa y necesaria para vivir, no más, no para hacer daño. Antes pensaba menos en mí y más en los demás; ahora primero estoy yo, y después los demás.
El miércoles es mi nuevo jucio salomónico, ahí descubriré en qué punto se encuentra mi victoria. En dos días averiguaré cuanto de fuerte he sido, comprobaré lo magnífico que es mi organismo, que con la ayuda de las radiaciones que me han dado, está luchando hasta la saciedad contra un tumor de nombre feo, muy muy feo.
Quiero no pensar, pero cuanto más quiero no pensar, más pienso. Deseo convencerme de que todo va a ir a las mil maravillas, pero cuanto más deseo eso, más me nublo. Será lo que tenga que ser, eso está claro, y seguiré con mi lucha, iré a por todas, porque esta guerra solo tiene un vencedor, y os garantizo que mide más de seis centímetros.
Ay dios, solo tengo nervios, nervios y más nervios............

6 de noviembre de 2008

VIVIR SIN MIEDO AL MAÑANA


El futuro es una incertidumbre de la que nos empeñamos en adivinar antes de tiempo, nos ahogamos en la incógnita de lo que nos deparará. Intentamos anticiparnos a las sorpresas de un caprichoso destino, un sino del que nos tambaleamos día tras día.
Desde siempre he sido muy impaciente, rozando casi la locura por saber y controlar todo lo que vendría; en reyes, no podía con la incógnita de qué me traerían, y curioseaba por todos lados hasta dar con la tecla; cuando se aproximaba mi cumpleaños, olfateaba por todos los rincones hasta dar con alguna sorpresa escondida, necesitaba tener la sensación de todo controlado, saber que lo que vendría, y aunque ponía mi cara de sorprendido, interiormente suspiraba al haber conocido con anterioridad lo acontecido. Muchas noches enteras me he quedado sin dormir pensando en el mañana, haciendo un guión de mis actos, de mis palabras, de mis gestos, siempre he querido tener el control de todo lo que se cuece a mi alrededor, dejando pasar los momentos mágicos que nos regala ese incierto futuro, perdiéndome el poder de improvisación, viendo mas allá de lo que los ojos ven en la vida.
Esa forma de ser la he pulido, o mejor dicho, la he eliminado de mi ser desde que enfermé. Ahora los días los paso disfrutando, las noche durmiendo (no siempre, para qué engañarnos, pero pienso menos en el futuro). Desde que tengo cáncer he decidido vivir, vivir al máximo, luchar cuando haya que luchar, no anticiparme a un futuro, ni preocuparme por lo que no pueda controlar, ya se irá solucionando conforme vengan los problemas.
Por un tiempo me vi limitado de vida, de tiempo, ya que cuando me dijeron que tenía que enfrentarme a un tumor maligno, pensé que la vida se me acababa, que se me acortaba, que iba llegando a mi fin. Con los días he aprendido que todos tenemos un fin, no sé cuando es el mío, ni quiero saberlo, sólo disfrutar, tal y como el principito decía "sólo el corazón puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos".

4 de noviembre de 2008

EXTRACCIÓN DE SANGRE Y MIL RADIOGRAFÍAS


Hoy he empezado otra vez la rutina de las revisiones. El mismo ritual, extracción de sangre, un sinfín de botes llenos de mi petróleo rojo (en ayunas, y más de una hora esperando para poder sacarme sangre, como para no marearse), y mil o más radiografías de mi cuerpo. Empieza así otra vez el nerviosismo, el insomnio, las dudas, el ansia, las ganas de que llegue el día de resultados para ver el estado y la evolución de mi tumor de nombre feo.
La primera cita que tengo es con la hematóloga. Como el tumor me lo ha originado la sangre, me la tienen que controlar. Los parámetros la última vez estaban muy muy bien, habían bajado un montón, de 0.6 a 0.1, ante el asombro de la hematóloga. Espero que esto siga así, o por lo menos como estaba, que ya es bastante.
El miedo es inevitable, aún faltan quince días para que me den los resultados, y el cerebro, que a veces es como independiente del cuerpo empieza a pensar por su lado, a veces cosas buenas, otras no tanto, y se crea una etapa de incertidumbre. Menos mal que esta etapa solo dura quince días. Como he aprendido a ser paciente, y no solo en el sentido de enfermo, sino también de persona que sabe esperar, intentaré concentrarme para que no venga a mi sentido los pensamientos negativos. Sé que lo que tenga que venir vendrá, y lo que sea será, y para lo que venga ahí estoy yo para echarle valor. Tengo miedo que llegue el día, pero también estoy deseando, sobretodo porque si son buenas noticias, que así lo espero y deseo, empieza mi batallón externo, familiares y amigos, a invadirme a llamadas, mensajes, mails, y a subirme el ego que tanto bien me hace. Lo malo de esto que me estoy convirtiendo en un niño mimado, demasiado mimado, pero es lo que hay.
Pues lo dicho, que empiezan los nervios otra vez, mariposas revoloteando por el estómago, y será lo que tenga que ser, y pasará lo que tenga que pasar, pero sobretodo, vivo y viviré.

30 de octubre de 2008

ESTADOS DE ÁNIMO



Hoy he estado reflexionando por todo lo que he ido pasando desde aquel fatídico 30 de enero hasta hoy. En tan poco tiempo he pasado por tanto, que a veces no me lo creo. Ayer mismo, mientras me duchaba, me puse a pensar en la radioterapia, y a día de hoy, no me creo que haya pasado por 25 sesiones. Cuando te dicen tienes cáncer, la percepción de las cosas cambian, por supuesto, para mejor tal vez, bueno, puedo asegurar que para mejor, pero pasas por un montón de sentimientos y de estados de ánimo en un periodo corto de tiempo. Pasé de la soledad al tumulto de gente que no me dejan caer, pasé de la pena de la enfermedad a la alegría de las cosas buenas que me han ido sucediendo, pasé del llanto a la risa fácil, pasé del infierno de la mente dando vueltas a lo malo, al cielo de los recuerdos de todas las muestras de cariño que me han ido dando en esta aventura llamada cáncer.




Sí que es cierto, que en algún momento decides tirar la toalla, y gracias a los que me rodean, la recogía y seguía tirando para adelante. También se me ha hecho más llevadero porque he intentado cambiar mi monotonía diaria lo menos posible; no he cogido baja laboral, tan solo he faltado los días de pruebas médicas y las tardes durante el periodo radioterápico. Excepto el primer fin de semana de la noticia, el resto siempre he estado fuera con la compañía de mi familia o de mis amigos. En estos casos, la monotonía de la que tanto nos quejamos la aprecié más que nunca; incluso estaba deseando que se me fueran los efectos secundarios de la radioterapia para volver a trabajar la jornada completa de trabajo.



Me considero un privilegiado, puesto que los efectos secundarios de la radioterapia de la que hablaba antes han sido prácticamente nulos, a excepción del cansancio y un poco la piel quemada, aunque me echaba la crema pertinente, se puso la zona un poco como quemada por el sol. Eso sí, en verano he tenido que estar con la camiseta puesta, ya que en un año no puede darme el sol en la zona, pero bueno. Me comentaron que perdería el apetito, y yo, como soy más chulo que un ocho, pues en lugar de eso me dio por comer, y a todas horas estaba hambriento.



También es cierto que te vuelves más sensible, o vulnerable con tu alrededor, es más fácil emocionarse con lo bello de la vida, a mi me pasa a menudo. Incluso podría decir que afloran sentimientos hasta ahora ocultos en mí, o camuflados quizá, pero al fin y al cabo no los palpaba. Te sientes frágil y fuerte a la vez, a veces ves a la gente que te mira con compasión, y otras que te miran con admiración. Incluso me tratan como un héroe, y no veas como eso sube el ego. De todo hay que quedarse con lo bueno, y digo yo, cuando acabe todo esto, ¿se me acabarán los mimos que me dan???, espero que no, aunque si es que sí, ¡¡¡pues que me quiten lo bailao!!!



Incluso me he vuelto masoquista, me alegra no sabéis cuanto cuando empieza a dolerme el hueso, y es que es señal de que está generando más hueso y matando al tumor de nombre feo, y hoy, hoy es uno de esos días que me duele, así que paradójicamente, que dolor más bueno, este dolor me hace aún más feliz.

29 de octubre de 2008

DE VUELTA A LA INFANCIA


Hoy he soñado que, como por arte de magia, volvía a mi infancia. Volvía a ser un niño, jugando las canicas, al escondite y coloreando en cartulina. Hoy he soñado con mi infancia, no estaba enfermo, no tenía presiones, no tenía tratamiento ni tenía revisiones, era feliz por naturaleza.
Y es que desde pequeño siempre he sido muy de soñar despierto, tenía muchos mundos interiores, y para ser justos, aún conservo varios de esos mundos en mi cabeza. Siempre he tenido muchos amigos de juego. Confieso que el fútbol nunca me interesó demasiado, pero jugaba para no quedarme sentado y ver como se divertían mis amigos. Sí que hubo una época en la que me enganché algo más al fútbol, pero ya pasó.
Qué recuerdos de cuando a la salida del colegio nos daban unos señores álbumes y cromos para empezar a coleccionar. Yo me hacía adicto a cualquier coleccionable, corría a casa de mi abuela (o como decía cuando pequeño, anca mi abuela), a que me diera un duro para comprar estampas.
Nunca he sido de estar enfermo, algún resfriado y poco más. Ni siquiera he pasado la varicela a pesar de dormir con mi hermano que sí la tenía o mi hermana, yo nada (y paradoja de la vida, no me entra una varicela y sí un cáncer...). Haciendo memoria, una vez me dio una parálisis facial pasajera, lo que vulgarmente se conoce como aire. Estuve como quince días sin poder mover el lado derecho de mi cara.
Me encantaban los coches de juguetes, tenía muchísimos. Hacía en mi cuarto una ciudad y empezaba a manejar coche tras coche para darle vida a ese mundo. También me gustaba el teatro. Fui árbol en una función del cole, a pesar de mi timidez que tanto me ha marcado en mi vida. Si de algo me arrepiento de mi infancia es de mi timidez para todo. Pensando, hasta que no he sido padre por primera vez, y tenía 21 años, no le he echado cara a la vida.
La música me ha interesado desde bien pequeño. Tengo en mente el levantarme antes de tiempo en un campo familiar que teníamos, me iba al salón de puntillas para no despertar a nadie, ponerme unos cascos gigantestos y escuchar mecano; enganchado estaba con aire, o japón. Desde entonces he sido fiel seguidor de ellos, y un día que recuerdo muy especial fue cuando, en el 2006 pude conocer a Ana Torroja en compañía de mi hijo. También me encantaban C.C. Catch, La década prodigiosa, Sandra, Duncan Dhu, y tantos grupos de la movida de los 80.
Tengo muchos recuerdos, el ir anca Ani a comprar esponjitas, anca mi vecino a jugar con los miles de juegos que tenía, anca mis primos de Cádiz y hartarme de llorar después cuando nos íbamos, de ver V Los visitantes, y automáticamente ponerme a jugar y creerme ser Mike Donovan para luchar contra la malvada Diana.
Y otro recuerdo que me ha marcado en la vida fue el día que vi por primera vez a la que hoy es mi mujer. Tenía yo 10 años y ella 9, y nos conocimos jugando al escondite. Cuando la vi, lo primero que pensé (y esto lo juro por mis hijos), con ella me voy a casar. Dicho y hecho, a los 12 años después nos dimos el sí quiero. Con ella he vivido la muerte de seres queridos (y recordados día tras día), ella me ha regalado el privilegio de ser padre, con ella he vivido este cáncer, con sus traumas y tratamientos, pero también ella me ha hecho ver la luz donde creía que no existía.
Está bien volver al pasado y ver todo lo que has vivido, y sobretodo con la calidad de cómo se ha vivido.

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